Sensaciones, ideas y fantasías

viernes, 9 de mayo de 2008

UNA ALUCINACIÓN JOCOSA

A continuación copio un texto que Bombardier me ha enviado por e-mail desde Madrid, donde se encuentra desde hace varios días por asuntos de trabajo. Él asegura que está basado en hechos reales, una conversación que él escuchó en una cafetería de ese vestíbulo selvático que hay en la estación de Atocha.
Sin embargo, la historia o el cuento (porque yo creo que es un cuento en todos los sentidos del término) está narrado en primera persona, algo imposible para Bombardier, a no ser que, una, se lo haya inventado o, dos, lo haya protagonizado él mismo, y quiera salvaguardar la buena fama de su equilibrio mental. Además, que yo sepa, no ha habido ninguna huelga de Renfe, por lo que me inclino por la hipótesis uno.
En fin

Pere el Cerimoniós

Las cafeterías del invernadero vaporoso de la estación de Atocha estaban a reventar por la huelga de RENFE. Todas las mesas estaban ocupadas. Desde una de ellas, miraba distraídamente el telón de palmeras y bambúes de la falsa jungla, esperando la llamada para mi AVE a Sevilla, cuando escuché una voz masculina con señalado acento catalán, solicitando permiso para compartir la mesa y, acto seguido, presentándose.
- Soy profesor de Historia en un instituto de Badalona. Doctor por la Universitat de València. Autor de varios libros de texto y numerosos ensayos pedagógicos. Tengo mi propia página en la Red.
Lo tomé como una de esas divagaciones retóricas que los magos emplean para distraer la atención. Porque al levantar la vista le había reconocido de inmediato: era Pere el Cerimoniós, un ilusionista de trucos rutinarios que había visto actuar semanas atrás. No me cupo duda. Era él. Sus ademanes, su pedantería, su aura de mediocridad. Tomó asiento y pidió un café con leche.
- ¿Va usted a Barcelona? - , me preguntó.
En su voz había un eco trágico.
- No. A Sevilla.
- ¿Es usted sevillano?
- Tengo clientes por toda la península. Soy de Sitges.
- ¿Es usted catalán? - , preguntó espantado.
Instintivamente me puse a la defensiva. Los catalanes desconfiamos de nuestros paisanos, pero solemos disimularlo.
- Sí.
- No se le nota.
Sus ojos se encogieron. Su expresión de pánico se transformó en mueca ridícula. Si era Pere el Cerimoniós, y no un chiflado muy parecido a él, interpretaba su juego de distracción con pericia soberbia, muy superior a su tosquedad en el escenario.
- Déu ni do –, le dije en catalán, para ver su reacción -. Dissimular la realitat és bàsic en els negocis. I més encara si allò que es dissimula és l’accent.
Su respuesta me desconcertó. Se empeñaba en hablarme en castellano. Y lo hacía en un tono complaciente, como si oponerse a mí constituyera un peligro.
- Desde luego. Desde luego… - ¿Viene de Barcelona?
- Llevo una semana en Madrid. ¿No habrá desaparecido el Tibidabo, oi?
- Me gustaría hablarle de algo…, en fin… que puede sonarle raro… ¿Me permite?
- Naturalmente. Pero antes dígame. ¿Conoce a Pere el Cerimoniós?
Esperaba ver caer su máscara. Pero su respuesta me confundió todavía más.
- Claro que sí. En su reinado se constituyó la primera Generalitat o Diputació General. Tuvo dos hijos. Uno se mató en una cacería. El otro se metió a monje. Y en el reino de Aragón entró un Trastámara castellano. Fue el principio del fin de Cataluña… Pero al parecer, todo es una leyenda –, concluyó abatido.
- No me refería a ese Pere el Cerimoniós, sino a otro que tiene que ver con la magia. En Historia, soy un analfabeto. Ahora, si es de asuntos comerciales…
- ¡Magia! Usted sabe algo-, gimió -¿Qué está pasando?
- Nada. ¿Qué quiere decir? - Miré a mi alrededor, alarmado.
- Discúlpeme… Estoy un poco nervioso... Pero tengo que contarle lo que me ocurrió anteayer, en la biblioteca de Cataluña. Consultando unos viejos papelotes, me entró una modorra insoportable. Al despertarme estaban a punto de cerrar.
Al salir empezaron a sucederse una serie de alteraciones inquietantes. Los carteles del Metro estaban escritos en castellano, y algunos en catalán. Al llegar a mi casa de la calle Bailén descubrí que el monumento a Rafael Casanovas había desaparecido. Ya en el piso, puse la tele, y por más que lo intenté, no pude sintonizar TV3. Me quedé dormido en el sofá, hipnotizado por un programa basura de Telecinco. Al despertarme por la mañana, tampoco pude sintonizar Catalunya Ràdio. La quinta, última y devastadora alteración la protagonicé yo mismo en el instituto. La lección del día era: Conflictos medievales del siglo XI en la Cataluña Condal. ¿Los conoce usted?
- No tengo ni idea - , admití.
- Se lo resumiré. Los nobles se enfrentan con Ermesenda, que gobierna durante la infancia de su nieto, Ramón Berenguer. Desean imponer su criterio feudal, frente a la autoridad y los pactos reales con menestrales y moros, de quienes cobran suculentas parias. Esta rivalidad dura casi un siglo, hasta que Ramón Berenguer IV se casa con la heredera de Aragón, doña Petronila. El hijo de ambos, Alfonso el Casto consolida la potencia catalanoaragonesa frente a Castilla y León. Hasta llegar a Jaime el Conquistador, que empuja a los musulmanes hacia el sur y los echa de Valencia y las Baleares. Le suena, ¿verdad?
- Ya le digo que soy un desastre en Historia. Ni siquiera leo novelas. Mi tiempo libre lo dedico a bailar sardanas. Es mi pasión. Siento decepcionarle.
- Es igual
Me irritó su indiferencia hacia mi falta de cultura.
- El caso es que, a medida que iba explicando la lección, los chavales abrían los ojos más y más. Si no llego a parar, se les salen de las órbitas. Entonces voy y les pregunto desconcertado, “Si teniu algún dubte, per favor, pregunteu”. Siguió un silencio ominoso. ¿Qué estaba pasando? Al final de la jornada, se me acercó el director del instituto, y me invitó a tomar una cañita. Me lo dijo en castellano, “una cañita”. Era asombroso, casi nadie me hablaba en catalán.
“¿Qué has explicado a los chicos esta mañana en clase?”, me preguntó. Yo, mosqueado, le resumí, al igual que ahora hago con usted, la lección. “¿Te encuentras bien?”, me dijo, en el tono que se emplea para los que tienen flojo un tornillo. “Perfectamente.” “Pues no entiendo por qué estás falsificando la Historia.” “¿Falsificando la historia?”, salto, a punto de estallar. El tío me lleva a la biblioteca y me entrega un montón de libros, incluidos los de mi asignatura. ¿Sabe usted lo que pasó en el siglo XI en el Mediterráneo, según esos textos?
Negué con la cabeza.
- Pues que Fernando I de Castilla, León y Navarra, conquistó Valencia y se la entregó a su hijo Sancho que, con ayuda del Cid…
- Ese sí me suena - , le interrumpí. Ni siquiera me escuchó.
- Con la ayuda de Rodrigo Díaz de Vivar establecieron caballeros y pobladores castellanos en Valencia, y se expandieron hasta Vinaroz por el norte, y hasta Almería por el sur. Aragón llegó hasta la desembocadura del Ebro y se unió a Castilla. Mientras que los condados catalanes se mantuvieron independientes y al margen de todo…
- Prudentemente - , volví a interrumpirle sin el menor efecto.
- Lérida y Tarragona conquistadas por aragoneses… ¿Ha oído mayor estupidez? Lérida, la tierra del catalán occidental, del que procede el valenciano… Yo soy valenciano. Mi lengua materna es el catalán.
- Això sí que no ho puc creure -, salté irritado, mirando sus manos revolotear ante mi cara. El truco parecía no llegar nunca. – A València mai s’ha parlat el català.
- ¡Y me lo dice usted! ¡Un nativo de Sitges!
- Ni en Valencia ni en Tarragona ni el Lérida. Son territorios castellano parlantes de toda la vida. Con el Cid, sin el Cid, con Jaime el Conquistador, con Pere el Cerimoniós o sin ellos. De Historia estoy pelado, pero las evidencias son las evidencias.
- Pero, señor mío, ¡Fernando I de León cogió unas fiebres tifoideas en la Albufera de Valencia y regresó a León donde murió! ¡El Cid tomó Valencia más tarde, sí, pero los cristianos volvieron a perderla a su muerte!
- No se altere, por favor. ¿Me va a hacer el truco o no?
- ¿Qué truco? Yo no soy ningún ilusionista. He vuelto a la Biblioteca Nacional de Cataluña, y los mismos libros que hace dos días decían una cosa, ayer decían la contraria. Me he venido a Madrid a consultar los archivos castellanos, y reiteran esa fabulosa impostura. Cataluña no llega ni al Ebro. En Valencia se habla castellano con un curioso acento mozárabe, igual que en Mallorca. Fernando el Católico de Aragón casó a una hija suya con el Conde de Barcelona, y desde entonces Cataluña forma parte de España. ¡No puedo admitir que las cosas ocurrieran así! ¡Anteayer no era así! ¡Nunca ha sido así! ¡Impostura! ¡Manipulación!
De un salto, corrió hacia la falsa selva y se perdió entre los bananos y el cañaveral, gritando como un poseso.
Entonces solté la carcajada que había estado aguantando durante los últimos minutos.
Pero al serenarme, me quedé pensativo.
Algo no casaba.
¿Cómo era posible que el ilusionista y al parecer profesor de instituto Pere el Cerimoniós hubiera ratificado aquel delirio suyo en la Biblioteca Nacional de Cataluña y también en la Nacional de Madrid?
Ignoro quién fue Fernando I. Pero lo primero que haré al volver a casa será asegurarme de que en Lérida y en Tarragona se sigue hablando catalán.
Mira que si el tipo no ha soñado nada, y todo ha cambiado sin que nadie, salvo él y yo, nos hayamos enterado…


1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy, muy bueno. (Molt bó).