Sensaciones, ideas y fantasías

lunes, 17 de marzo de 2008

Fallas y excesos

Las Fallas son una fiesta del exceso.
Según una hipótesis sin fundamento histórico, en principio era el exceso de madera de los carpinteros, que reunían la leña en montones colocados en las encrucijadas ciudadanas y le pegaban fuego con motivo de la festividad de su patrono San José.
Hay explicaciones para todos los gustos. Desde las ideológicas marxistas, que atribuyen a la lucha de clases la furia incendiaria de las Fallas, hasta las religiosas que las relacionan con el equinoccio de primavera, el florecimiento de las cosechas y todo eso. Yo no tengo ni idea. Esto último me extraña, porque las Fallas son una fiesta urbana, no agrícola.
Lo que sí tengo claro es que son una fiesta de exceso lícito, como los carnavales, las lupercales y otras por el estilo de pueblos antiguos.
La paradoja es que el exceso de las Fallas es muy reciente, por tanto no tiene ninguna tradición con estudios antropológicos. Es mi propia opinión.
Los excesos de las Fallas actuales son:
1.- La posibilidad ilimitada de hacer ruido en manos de particulares, que tiran petardos horrísonos en cualquier sitio y a cualquier hora, y montan discomóviles hasta las tanas de la madrugada. Si se les llama la atención contestan: “Estamos en Fallas.” Se acabó el razonamiento
2.- La apropiación indiscriminada, irrevocable e indiscutible del espacio público por supuestos falleros que organizan en ese terreno requisado sus juergas. “Oiga, que tengo que pasar por aquí si no quiero dar un rodeo”. “Estamos en Fallas.”
3.- El despilfarro en la construcción de monumentos espléndidos que destruirá el fuego.
4.- La construcción de monumentos con materiales cuya combustión produce gases tóxicos o perjudiciales. Si se utilizara sólo la madera y un tipo de pintura “ecológica”, si es que existe, los monumentos no alcanzarían ni la espectacularidad ni la perfección de los actuales, o serían infinitamente más caros, porque para levantar una construcción de quince o veinte metros de altura con materiales de peso se necesita un estudio arquitectónico o algo parecido.
5.- El despilfarro en las iluminaciones, que consumen millones de vatios, porque las encienden antes de que se haga de noche y las apagan cuando está fuera el sol.
6.- El despilfarro en saraos, cabalgatas, desfiles, ofrendas, etc.
Todos estos excesos podrían regularse. De hecho, las autoridades locales intentan poner un poco de sentido común o de límites, pero no parecen tener mucho éxito. El primero es el que a mi parecer se convierte en la vía de escape de los trastornos psicópatas o cuasipsicópatas. Es un desahogo necesario, que sufrimos los que nos desahogamos de otra manera menos escandalosa, pero que nos evita vivir en una sociedad de salvajes descontrolados. Al imbécil que se pasa cinco días soltando espantosos masclets por las calles de su pueblo o de la ciudad se le calman sus instintos agresivos. A los cuatro gatos (porque son exactamente cuatro gatos) que a las cuatro de la mañana se bambolean ebrios en una carpa vacía, pero estremecida por bafles de potencia extraordinaria con las canciones más soeces, pasadas las Fallas se quedan tan exhaustos que ya no cometen tropelías hasta al cabo de un tiempo.
En cierto modo, es un fenómeno parecido al de los conductores que circulan con la música a toda potencia. Son pobres personas que necesitan ese desahogo. Si no pudieran hacerlo, acaso sacudirían la badana a su infeliz pareja. Aunque, nunca se sabe, puede que su salvajismo no se quede en el desahogo acústico y necesiten más. Dios nos libre de cruzarnos con uno de ellos.

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