Sensaciones, ideas y fantasías

jueves, 26 de junio de 2008

Víktor Ferrando. El autodidacta





En puridad, todos somos autodidactas. Aprendemos lo que nos interesa cuando nos conviene, y de quien nos parece bien, independientemente de su titulación académica. La mayoría de las cosas que sabemos, y me ciño sólo a la esfera cultural del conocimiento, las hemos aprendido por nuestra cuenta casualmente, o buscando, seleccionando y asimilando. La formación normativa nos ha servido como boceto, y con él como referencia hemos ido construyendo el edificio de nuestra forma de ver y entender el mundo. Es cierto que gran parte de los componentes de nuestra “sabiduría” son estereotipos, pero en último extremo de cada uno de nosotros depende que los demos por buenos o los sometamos a crítica.
En definitiva, todos somos más o menos autodidactas.
Pero de vez en cuando te tropiezas con alguien que es rigurosamente autodidacta. Es el caso de Víktor Ferrando, un escultor alicantino que hasta hace seis años se dedicaba a repartir deportivamente mamporros y enseñaba a hacerlo, porque era profesor de artes marciales. De pronto, para salir de lo que él percibe como caos, se pone a trabajar con un herrero, y empieza a sacudir mamporros al metal fundido. Lo hace por pura terapéutica y por obligación laboral, fabricando vallas sin valor estético. Y un buen día le da por retorcer el hierro de un modo caprichoso, ajeno al patrón de la barandilla que en ese momento construía. Al herrero le parece algo sin valor y una interferencia en el trabajo. Pero al cliente que ha hecho el encargo, le gusta, y anima a Víktor a continuar inventando formas.
Este es el punto de partida de lo que hoy es Víktor Ferrando. Tiene 39 años, y descubre la es-cultura del hierro a los 33. Hasta entonces ha sido un singular chico rebelde. La condición de rebeldía es uno de los elementos de la creatividad. Si Víktor no hubiera sido un insurrecto no habría podido plasmar su insatisfacción en el arte con un resultado tan rotundo. Pero su rebeldía es singular porque se trata de una persona disciplinada, metódica y constante. Lo opuesto al artista bohemio.
Y sin embargo, sus primeros trabajos son de una estética luciferina que evoca las alucinaciones románticas de William Blake, las postrománticas de Lautréamont o las desesperaciones modernistas de Baudelaire y de Rimbaud.



En el siglo XX la literatura e imaginería de resonancias diabólicas se ha representado masivamente en el cine y en el cómic. Y da la impresión de que es de aquí de donde se ha nutrido la inspiración de Víktor Ferrando, el autodidacta, hasta hace bien poco.
Porque la nutriente de su obra presente es la formación acelerada, azarosa y de calado relativo que ha ido adquiriendo desde que descubrió su vocación artística. No obstante, estas limitaciones en su formación han sido desbordadas por sus necesidades creadoras y por su pasión desatada de súbito. En auxilio de la calidad artística, contaba con el cimiento de su sentido de la disciplina y su tesón marcial, así como la educación recibida en su niñez y en su juventud. Se puede decir que Víktor Ferrando, a los 33 años, tiene una formación cultural de horizonte gris, el de la mayoría de los ciudadanos de un país desarrollado, y que partiendo de ahí, casi desde cero, encontramos un Víktor Ferrando con 39 años con una capacidad creadora asentada y a punto de un salto todavía mayor que el que ha dado en poco más de un lustro.
Aquellos blogonautas que sientan interés por la obra de Víktor Ferrando pueden encontrarla en su página web, y hacerse una idea de lo que he intentado reflejar en palabras en esta entrada.



Es preciso subrayar un dato importante, pero que pasa inadvertido al no habituado al trabajo escultórico. Las obras de Ferrando pesan toneladas, y sin embargo las ha forjado y montado él solito, como mucho con la colaboración esporádica de alguien, cuando era imprescindible. Piénsese que los escultores de grandes masas y volúmenes cuentan con todo tipo de colaboradores en su equipo. Víktor Ferrando no tiene equipo. Él es su equipo.



Y un consejo final, blogonauta curioso: si tienes espacio en tu casa (más bien tu jardín) y dispones de un presupuesto saneado, apresúrate a comprarle algo a Víktor. Dentro de un lustro no podrás hacerlo sin arruinarte, a no ser que seas supermillonario.

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