Sensaciones, ideas y fantasías

domingo, 3 de febrero de 2008

Strindberg, Jiménez Lozano, la eutanasia y el sensacionalismo

Dice el crítico teatral valenciano Enrique Herreras que la versión de “La señorita Julia”, de Strindberg, dirigida por Miguel Narros le gustó mucho. Y añade, “pero es María Adánez quien debe de recibir los aplausos más explosivos. Encarna una de la mejores Señorita Julia que he visto y soñado. Y mira que he visto y soñado”.
Por mi parte, recuerdo que NO hubo un aluvión de aplausos en el teatro Principal. En otros estrenos sí he presenciado aluviones, pero no estaban motivado por la calidad de la obra o por la interpretación, sino por la adhesión incondicional del “público amigo”. Como es natural, ni los actores ni el director ni el equipo que ha realizado esta obra de Strindberg pueden tener tantos amigos en Valencia. Por eso, los aplausos reflejaron el sentir espontáneo y auténtico del público.
¿Será que la gente se distancia poco a poco de ese teatro subvencionado que se refugia en los clásicos, quizá porque no sabe hablar a sus contemporáneos de los problemas de hoy?
Por cierto, que a mí la obra me desconcertó, porque como no conocía el texto de Strindberg e ignoraba las circunstancias en las que fue escrito, asistí a la representación con ingenua neutralidad, y lo que vi en el escenario es, ni más ni menos que la historia de una mujer rica estúpida, caprichosa, histérica, que seduce del modo más vulgar a un criado, se mete en un lío y pone al guapo doméstico en un compromiso. La interpretación de María Adánez, es cierto, era estupenda.

José Jiménez Lozano en “La Razón”, 3 de febrero 2008

Pocas cosas hay que descompongan más la razón y el ánima que el vocerío y
la cháchara sobre banalidades, y no digamos ya sobre el negocio político; pero
cháchara y vocerío son imprescindibles, desde luego, para evitar que haya un
silencio interior, en el que podría suceder que cayésemos en la melancolía de
encerrarnos en nuestra cámara y pensar. Pero no sólo por
eso.
El silencio externo mismo nos aterra, porque tememos que acabe con el mundo, ya que toda la maquinaria de éste sólo está sostenida por palabras, sobre todo en nuestra cultura, en la que las cosas no son ya lo que son, sino lo que se dice que son, así que, en cuanto dejan de decirse, desaparece lo que nombran. Y, si aquello de lo que no se habla no existe, el mundo entero y nosotros mismos sólo constituimos un mero run-run o un estruendo de palabras.

Sensacionalismo y Eutanasia

El diario El País saca a todo trapo (primera página, cinco columnas) el tema de la eutanasia. No es la noticia actual, sino una fabricación deliberada y oportuno: la forma de darle una bofetada a la Conferencia Episcopal y a Esperanza Aguirre. Es decir, una estrategia política, respetable, opinable, pero mera estrategia política.
Al fijarme en el tema, me doy cuenta de que el autor es mi antiguo compañero de la Escuela Oficial de Periodismo Javier Martínez Reverte, contando la muerte de su madre. Me quedo paralizado y seco. Aparto la vista de la página. Me siento avergonzado, como si un viejo amigo anunciara a voces una intimidad. Después de una corta reflexión, escribo estas lineas y las cuelgo como comentario en la web de El País. Ignoro si las han publicado. Lo importante era el desahogo.

Amigo y compañero Javier. Me ha dejado estupefacto la portada de El País de hoy. Cuando escribiste el artículo, ¿sabías que lo iban a sacar en portada? Si es así, además de estupefacto me quedo decepcionado. Mi madre murió hace algo más de un año. Exhibir las circunstancias de su fallecimiento (fueran las que fueran) no se me habría pasado por la imaginación, ni siquiera para ponerlas al servicio de una causa, por justa que me pareciera. Y la muerte no es nunca una causa digna de sensacionalismo. Porque, amigo mío, independientemente de la discusión moral acerca de llevar a los mass media los sentimientos y las circunstancias íntimas, lo que El País ha hecho con la muerte de tu madre es puro y duro sensacionalismo. ¿Has sido consciente de ello? Por cierto, me he ahorrado la vergüenza de leer al artículo, así que no juzgo su calidad, que supongo buena, sino la dudosa oportunidad de su publicación

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