Sensaciones, ideas y fantasías

viernes, 15 de febrero de 2008

Experto en arte moderno por 88 euros

Por 63 euros exactos (IVA incluido) puede usted convertirse en un experto en arte. Es lo que cuesta la entrada en Arco, con el catálogo. Por 25 euros más, entra usted en Art Madrid y le dan otro catálogo. En total, 88 euros, una cifra redonda en todos los sentidos.
Desde que los hombres de las cavernas se dieron cuenta de que la representación de la naturaleza causaba un efecto singular en la vida de las personas, las artes plásticas han pasado por todo tipo de conceptualizaciones y de definiciones. Hasta llegar al siglo XXI, en que hay tantas cosas que aspiran a ser arte, que definirlo es una pérdida de tiempo y de energías, aunque esto último sea imposible según las leyes de la termodinámica
Por eso, amigo lector (si es que existes), si te inquieta saber qué cosa es el arte (básicamente el arte plástico), corre a Arco y a Art Madrid antes de que cierren. Lo averiguarás a un módico precio y con un esfuerzo mínimo. No necesitas conocer la historia del arte, ni siquiera tener nociones de ella. Confía en tu intuición, en tu sentido común, déjate llevar por el instinto o el capricho, y recorre el laberinto.
Saldrás de él fortalecido de ánimo, aunque con el cuerpo hecho trizas por el intenso paseo. Sabrás lo que es el arte, te lo aseguro. Será como si te hubieras dado una ducha de “ismos”. Si has intentado alguna vez hacerte una idea del progreso de los estilos y escuelas pictóricas del siglo XX, te habrás dado cuenta de que ninguno de los estudiosos coincide en el inventario. Porque los estilos los crean los artistas, pero son los críticos quienes los canonizan.
En ferias como las de estos días en Madrid está compendiada la historia del arte moderno. Primero, porque en unas pocas galerías todavía venden obra de los auténticos vanguardistas, y allí están para tu recreo y conocimiento. Y luego, porque todo lo que se ha aportado al arte plástico desde la década de los treinta del siglo XX se reduce a un bucle gigantesco, tan grande como el techo lleno de circunferencias de los pabellones 12 y 14 de la Feria de Madrid.
El pasado es algo inútil. Ya ni siquiera tiene un precio decente. Un piano destrozado, unas cañerías roñosas clavadas a la pared, un montón de escombros, pueden valer más que un lienzo de Velázquez.
Además, el arte ha llegado a ser algo volátil. Una performance es una obra de arte que al ser creada se destruye. Y también algo público, imposible de privatizar. Una instalación queda de maravilla en mitad de una galería o en la sala de un museo, pero si uno se la lleva a casa (en el supuesto de que quepa) se convierte en un estorbo feo.
Estos rasgos (lo volátil y lo público del arte) se encuentran mucho en Arco, mientras que en Art Madrid predomina lo abarcable y lo colgable. Arco se dirige a los bolsillos de las instituciones financieras, industriales y administrativas. Art Madrid, aunque no las pierde de vista, porque son las que tienen presupuestos más jugosos, se dirige más al coleccionista privado, al maniático del arte, y le ofrece también una amplia variedad de objetos inclasificables.
Por último, amigo lector (¡el cielo quiera que existas!), en estas ferias puedes encontrar la paradoja social. Por ejemplo, a una reina de verdad sugiriendo ante algo que se le presenta como obra de arte, “El arte está para provocar, ¿no?” Seguro que nadie se atrevió a pedirle explicaciones, “¿Para provocar a quién, señora?” O “¿Para provocar qué, alteza?” Es de mal gusto preguntar a la realeza. Sobre todo porque los guardaespaldas no te iban a dejar. Resulta que durante la visita de inauguración se organizó un tumulto, y una persona, al retroceder para dejar paso a la comitiva, pisó un cristal que no era otra cosa que la creación de un artista llamado Francesco Gennari, y que la galería vendía por 18.000 euros. ¡A quién se le ocurre colocar una obra de arte, y encima de cristal, en el suelo! A alguien que exponga en Arco.

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