Sensaciones, ideas y fantasías

martes, 26 de febrero de 2008

Grabados de Paco Campos y de Celia Montalvo en Alcobendas



Paco Campos y su mujer, Celia Montalvo, participan en una exposición de grabados en Alcobendas, Centro Cultural Anabel Segura, avenida de Bruselas, 19, de la Asociación de Obra Seirada Ados.


Los dos son pintores excelentes sin matices, de larga experiencia, de formación clásica, de rupturas persistentes. Tantas, que les ha costado la exclusión. Aunque, la verdad por delante, Paco se ha tomado siempre la exclusión como un sello de honor.


En próximas entradas iré colgando pruebas de su genio y de su mérito. Hoy, coloco dos, ambas de naturaleza religiosa, porque no tengo otras en la memoria del ordenador. Y por eso hago la advertencia de que no se identifique a Paco Campos con la escuela religiosa. Paco es un pintor religioso y no es un pintor religioso. Trabaja con fervor, con pasión, con un arrojo extremo. Y lo que sale de sus manos son formas contundentes del espíritu. En toda su obra se reconoce la fe, en ocasiones fanática, del artista en su vocación, que está por encima de todo, tanto, que la vida se puede volver contra su forzador.


En ese sentido, Paco Campos es un pintor religioso. Pero sobre todo, es un pintor del Espíritu. Sus creaciones parecen elementos desgajados de su alma, y suele ocurrir que el espectador se sienta víctima de pudor. No porque lo que ve sea obsceno o repugnante, sino porque el pintor expone sus miedos y sus secretos, incluso aquellos que ni siquiera él conoce.



Podría pasar horas transformando en palabras mi larga experiencia de espectador privilegiado de Paco Campos. Ceso mi panegírico por no caer en el formalismo inane de tantos llamados críticos de arte. Yo no lo soy.


Antes de cerrar el tema: ojo a Celia Montalvo. El día que se proponga ( o acierte a) romper los barrotes de la exclusión, con un poco de suerte, la coge un marchante y la transforma en la revelación del momento. Ella, al contrario que otras, sí lo merece.

ELLOS, LOS ABOMINABLES



Mi amigo Bombardier lo anticipó.


Hoy, entro al trapo.
Alguien me ha enviado un mensaje incitándome a votar.




ELLOS VAN A VOTAR..........
TU TAMBIEN DEBES DE IR, NO TE QUEDES EN CASA.




No me dicen a quién tengo que votar. No es necesario. Se da por supuesto, se da por seguro.



A la verdad indiscutible. Amén.


Al progreso en continuo avance. Amén.


A la luz deslumbradora. Amén


A la paz universal. Amén


A la libertad en expansión. Amén. Amén. Amén.



¿Quién puede elegir otra cosa mejor? ¿Quién puede negar su voto a la justicia inapelable, a la fraternidad irresistible, a la igualdad rasante?

ELLOS. Sólo ELLOS.

Pero, ¿quién demonios son ELLOS?


Ha quedado dicho de esa manera implícita, sinuosa, pérfida.
ELLOS, los abominables, los inicuos, los réprobos.
Muchos ELLOS, tantos, que ponen en peligro el reino de la bondad y la buena voluntad.
¡Cómo es posible, por Zeus, que se les permita votar! ¡Por qué nuestra bondad nos lleva al extremo de permitirles hacer algo que puede ser letal para el Bien Eterno!
¿No sería mejor acabar con ELLOS?
¡A por ELLOS!

De pronto me entra un sudor frío. ¿Mira que si yo soy uno de ELLOS?

domingo, 24 de febrero de 2008

Meetings. Famosos. Realidad. Sorpresas blogueras

Se me aparece Bombardier, y me suelta:
- Las bitácoras rezuman campaña electoral. ¿Tú no vas a entrar al trapo?
- Espero que no. Me mantengo lejos por razones profilácticas. Me gustaría decir que “Mi blog no es de este mundo”, pero estaría incurriendo en una incoherencia. Lo que sí procuro es no dejarme llevar por la corriente.
- Eres un elitista.
- No.
- Un marginalista.
- En mi juventud fui madridista. Ahora ya, ni eso. En realidad, no sé si soy algo digno de crédito. Me gusta verme como un individuo poseído por el espíritu de Pío Baroja. Fue el ídolo literario de mi adolescencia. Era discreto, irónico, melancólico y trabajador. Un español atípico, como mi padre.
- Su vida no fue ejemplar.
- ¿La de mi padre? Pero si fue un varón sensato y temeroso de Dios.
- La de Baroja.
- ¡Ah, bueno! Nunca se lo propuso. Pero es verdad que después de conocer algunos detalles íntimos, le perdí algo el respeto. Es lo malo de la intimidad, las personas en paños menores desafían al mito.
Bombardier me dirige una mirada escéptica.
- Sin embargo, hoy aparecer en paños menores es la forma de algunos para hacerse célebres.
- Sí – confirmo -, hoy se confunde la celebridad con la reputación y el buen nombre. Fíjate en los “meetings”, como se decía antes. Cuanto más graznan los candidatos, más les jalean.
- ¿Por qué dices “antes”? ¿Te parece que antes era todo mejor?
- Es que el “ahora” es más turbio. El pasado lo vemos como una fotografía bien hecha. El presente es una fotografía movida o desenfocada. Aunque me gusta más comparar el presente con la televisión, que es una frenética sucesión de imágenes cuidadosamente alejadas de la realidad, aunque extraídas de ella.
Y le cuento una anécdota que acabo de vivir.
El otro día vi un anuncio en una copistería. El anunciante buscaba un autor o autora que pudiera escribir “una gran biografía”, naturalmente la suya. Me puse en contacto con él. Quería saber qué tipo de persona encarga su biografía por medio de un anuncio.
Respondió a mi llamada telefónica un señor con acento andaluz y de discurso poco extraordinario. Dijo que estaba jubilado, y argumentaba que su vida había sido intensa. Como prueba aportaba la admiración de uno de sus nietos, que se quedaba boquiabierto cuando escuchaba las peripecias de su abuelo en la posguerra, las vueltas que había pegado, los sacrificios que había hecho.
La segunda prueba la obtuvo en el plató de cierta televisión. Al parecer le habían invitado como público con derecho a la palabra, lo cual requiere una entrevista previa. En ella, el aspirante a biografiado había debido convencer de sus méritos a los directivos del programa. Los méritos salieron a la luz en la réplica que le hizo a un tal Matamoros, uno de esos que han prosperado en el negocio del famoseo por su genio áspero y su poca vergüenza.
El asunto era la fidelidad matrimonial y también erótica. Me contaba el hombre que Matamoros quedó impresionado por su afirmación (la del invitado como público con derecho a la palabra) de que jamás se había acostado con otra mujer que con la suya, y que había hecho el amor con ella mil cuatrocientas diecisiete veces. La cifra me la acabo de inventar, porque no recuerdo la que me dijo el hombre.
Se me hizo evidente entonces el criterio de aquel señor que deseaba proclamar lo extraordinario de su vida. Había acudido a la televisión y había impresionado a un tipo famoso. ¿No era eso digno de un libro? ¿No era eso una garantía de que su vida hecha libro se convertiría en un superventas?
Para él, el pasado, el suyo, se había convertido en una nítida fotografía en colores, ante un presente que acaso viera como una confusión de píxeles mal reconocidos por el ordenador.
Sólo el pasado es objeto de nuestra fantasía, aunque los programadores de televisión procuran por todos los medios hacer lo mismo con una realidad menos real cuanto más célebre y famosa.
Por cierto, Pío Baroja sigue siendo mi escritor favorito. Pero me parece una gansada colgarlo en la columna de al lado.


Sorpresas agradables en la blogosfera

Gracias a un rebote filológico, mejor dicho, etimológico, porque buscaba en la Red un diccionario etimológico, me encontré con una página estupenda. “Últimos descubrimientos en etimología” http://ettimologiia.blogspot.com/
A primera vista es un blog de jovencitas disparatadas. Evidentemente es lo que pretenden hacer creer sus mantenedoras, una pareja de profesoras de lengua (al menos una lo es), que utilizan la jerga de los chavales de instituto en un diálogo fluido y chispeante, como se dice, e intercalan información cultural de todo tipo, superinteresante, hiperbiencondensada, y muy inteligentemente servida. Te lo pasas bien, aprendes jerga esemeísticas y una variedad de cositas ilustrativas.
Esta es la declaración de principios de Meli y Almudena:
“Cada año se efectúan miles de interesantísimos descubrimientos en esta disciplina que por desgracia pasan absolutamente inadvertidos para el gran público y la élite intelectual, quizá porque casi todos ellos se efectúan en los estrechos límites de un oscuro departamento de Lenguas Clásicas en un pequeño instituto de barrio…”


http://www.wordreference.com/

Y sigo haciéndome lenguas. He aquí otro portal que contiene diccionarios al segundo de inglés y otros idiomas y, lo que es mejor, un foro en el que puedes hacer preguntas de palabras que no se encuentran en diccionarios normales. En cosa de minutos obtienes la respuesta, documentada y de sólido peso académico. Es un placer hacerme eco de wordreference.

viernes, 22 de febrero de 2008

El señor Shuzaku y la Valencia Barroca




El señor Shuzaku ha descubierto con júbilo el barroco Valenciano. El señor Shuzaku es cliente de mi amigo Bombardier, que tiene un negocio internáutico de sellos o algo así. El señor Shuzaku no había venido nunca a Europa, por la que no sentía el menor interés. Su cambio de actitud se ha debido a los buenos oficios de Bombardier, que ama su tierra y hace buena propaganda de ella (Sánchez Dragó no le incluiría entre sus estigmatizados).
Sin embargo, el señor Shuzaku se presentó en Valencia cuando Bombardier había salido a un corto viaje, y tuve yo que ejercer de cicerone los dos primeros días.
Ignorante de los gustos y los deseos turísticos del señor Shuzaku, al recogerle en su hotel, mis pasos nos llevaron al Mercado Central, un escenario que fascina a todos los forasteros.



De él cruzamos a la Lonja, cuyos merlones coronados se recortaban espléndidos en el cielo azul del invierno.
El señor Shuzaku y yo nos hablábamos en un inglés a cual más espantoso, pero nos entendíamos, cosa sorprendente. Sin embargo, nos ocupaba mucho tiempo deshacer malentendidos. Por ejemplo, creí que el turista nipón deseaba ver algo de arte contemporáneo, y como en la zona hay al menos media docena de galerías privadas e institucionales, le lleve por todas como a zorro por rastrojo. En las dos últimas me pareció que el señor Shuzaku se estaba aburriendo como un sapo en una duna del desierto del Sahel.
Le conduje, pues, a una cafetería que apestaba a tabaco de la plaza del doctor Cortezo, y el señor Shuzaku pareció resucitar. Sacó un paquete de cigarrillos, y se puso a fumar con gran consuelo de mi parte. Relajados ambos, y a base de tanteos, descubrimos que el señor Shuzaku había creído entender que yo tenía un interés especial en visitar galerías de arte aquella tarde, aprovechando el paseo, y que él había accedido por parecerle cortés, aunque el arte moderno era algo que le dejaba mucho más indiferente que Europa, es más, que incluso le provocaba malhumor por razones difíciles de explicar, y menos en una lengua extranjera.
No tardamos en salir del fumadero pestilente, para alivio mío. El sol se había puesto y aquel barrio valenciano íntimo y transitable (que a mí me evoca al Trastévere de Roma) estaba envuelto en la luz acaramelada de las farolas. Volvimos a pasar por la fachada de la Lonja, reluciente, seductora como una joven vestida con indumentaria medieval.
De pronto, el señor Shuzaku extendió la mano izquierda (olvidaba decir que le falta el brazo derecho que, según creí entender, mal por supuesto, perdió en la guerra del Pacífico, algo imposible por su edad) y señaló a la iglesia de los Santos Juanes, cuya exuberante torre del reloj asomaba por encima de las ramas preñadas de fruta de un naranjo borde .


Al principio, me desconcerté. Es el desconcierto de los tontos que miran las cosas a través de la lente de las ideas preconcebidas. En lugar de decirme, “mira que bien, le voy a enseñar a este japonés una muestra española por los cuatro costados”, me pregunté, “¿porqué demonios le interesará a este hombre de una iglesia barroca?”
Pero ante las muestras de entusiasmo del señor Shuzaku, reaccioné, y empecé a servirle la poca información que tengo de la iglesia. Para ello le leí los datos que hay en un poste turístico ante la fachada, desde la que emitía su divina protección la formidable Virgen del Rosario labrada en piedra. Edificio religioso de origen gótico, barroquizado tras un incendio que lo dañó seriamente en el siglo XVI. Contiene frescos de Antonio Palomino, pintados en la bóveda del cañón a principios del siglo XVIII. Fue quemada dos veces por las turbas anticlericales durante la guerra civil. Ha estado cerrada al culto durante años. Ahora se puede visitar, y ver la restauración en curso de los frescos, así como su nave y sus capillas.
Es lo que hicimos el señor Shuzaku y yo, que no había entrado nunca en los Santos Juanes. Estaba iluminado el interior con esa luz insuficiente (alguno diría, mortecina) que decepciona al agnóstico y hace recogerse al devoto. Los frescos, renegridos por los castigos infligidos hace sesenta años, había que imaginarlos. Destacaban, pegadas a los muros, las estatuas solemnes y blancas, quizá de yeso, de los doce hijos de Israel o Jacob. Rodeamos la nave, asomándonos a las capillas laterales, de Santa Rita, de San José, y nos colamos en una destacada del edificio principal, en la que hacen guardia dos estatuas colosales que debieron de estar situadas antaño en otro lugar.
Todo lo observaba el señor Shuzaku con interés y deleite. Al principio intenté ilustrarle. Pero renuncié enseguida, por mi falta de conocimiento y por la dificultad de hacerlo en inglés. Me sorprendía, sin embargo, la fascinación de aquel hombre, un japonés con una idea muy somera de la fe que inspiró un edificio y su contenido religioso.
Me intrigaba esta cuestión, y fui capaz de articularla, poniéndola en relación con las visitas culturales que habíamos realizado antes. ¿Cómo era que el señor Shuzaku se sintiera tan distante del arte moderno, común al planeta entero, y fuera capaz de disfrutar con un arte antiguo, periclitado, de una religión ajena a su cultura?
El señor Shuzaku detuvo su marcha ante un busto de Blasco Ibáñez que acecha a los transeúntes en la calle de María Cristina, (nos dirigíamos de vuelta a su hotel), se cogió la barba con su única mano, miró al suelo, luego clavó sus ojos en mí, y me dijo muy despacito, haciendo un esfuerzo de claridad, “Lo que usted dice es cierto. Pero soy incapaz de darle una explicación. Al menos en otro idioma que no sea el mío.” “Hágalo en japonés”, le invité.
Y se puso a hablar durante un rato.
Lejos de sentirme incómodo o perdido ante sus palabras, las fui entendiendo con precisión. No me pidan ustedes que razone este absurdo. El caso es que lo entendí todo. Porque siempre se entiende aquello que está hecho o dicho para ser comprendido.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Salidas/dos

Entrada salida. Erotismo. Pornografía. EXIT.
EXIT es una de las 14 revistas de arte censadas que se publican con diversa periodicidad en papel. En total, y según este censo que se puede encontrar en la página Revistas Culturales, se editan 110 revistas culturales en España.
El número 29 de EXIT, publicación trimestral de Olivares y Asociados S.L., se dedica a la pornografía. En portada, el reclamo es “Peepshow. El espectáculo del sexo”, sin ninguna obscenidad visible.
Siento muy poco interés por la pornografía en su relación con el arte, que no niego que la tiene. Como dicen algunos de los implicados en este número de EXIT, el sexo y la muerte son dos temas universales en la representación artística desde el principio de los tiempos.
No es que menosprecie o directamente desprecie la pornografía. Simplemente prefiero la belleza. Y también lo que se insinúa o se propone a la imaginación, antes que lo que se ve. El naturalismo descarnado, vulgar, ha tenido predicamento y vuelo cortos. Al final, se ha acabado imponiendo un aspecto perverso de la vida natural: la crueldad, el dolor, el daño colateral, el suplicio, la desesperación, el berrido.
Lo curioso de este número de EXIT es que la pornografía no está por ninguna parte, ni siquiera en términos académicos, como fenómeno digno de estudio. Así que el anuncio es engañoso.
La editora de la revista, Rosa Olivares, finaliza su editorial, “Un lugar sin límites”, con una serie de afirmaciones a mi juicio inapropiadas.
Esta revista [quiere decir el número de esta revista] está dedicada a todos los que miran, a todos los que saben mirar sin dejarse llevar por prejuicios o convencionalismos sociales estereotipados. A aquellos que no temen a sus propios deseos, que conviven con sus miedos y que habitan un territorio sin límites, un lugar peligroso pero tal vez el único en el que pueden vivir.
Da la impresión que ha compuesto el número para consumo de enfermos mentales, de individuos de mente patológica. Pero no es así. Sin duda al escribir estas palabras se ha dejado llevar por el espíritu de la publicidad, porque aventurar que no conocía el contenido de su revista al redactar el editorial, sería un insulto.
Sírvase el lector de este repaso del número en cuestión, que es interesante, aunque le veo muy centrado en los “porno-artistas” (es una broma) extranjeros. También echo en falta una referencia al cine, que es el medio mejor se ha expresado la pornografía. Y en España tenemos una buena representación de erotómanos, desde Berlanga a los “pompier” del cine erótico, Bigas Lunas y Vicente Aranda.

“Visiones eróticas. El cuerpo expuesto”, artículo documentado e interesante de Marina Wallace sobre la fotografía y el erotismo a lo largo de la historia de este arte. Subraya la idea de que la fotografía se tomaba, no se hacía, porque esto último correspondía más a la pintura; pero esto fue sólo al principio.

Entrevista a Kohei Yoshiyuki, un experimentado fotógrafo japonés, que en la década de los setenta se dedicó a tomar fotos de mirones en los parques de Tokio, haciéndose pasar por uno de ellos. Los mirones miraban la práctica del sexo al aire libre, cosa que los practicantes deberían conocer. Curiosos estos detalles de ciertas costumbres japonesas.

Entrevista a Susan Meiselas, fotógrafa que dedicó tres veranos (hacia 1990) a acompañar a estripteuses de ferias ambulantes en los EUA. El resultado fue un libro titulado Carnival Strippers. Para realizar su trabajo, se disfrazó de hombre, uno más de la concurrencia, pero con cámara. Centró el objetivo de ésta básicamente en el público que observaba a las artistas. Fuera (incluidos púberes que los padres llevaban a este rito iniciático), y dentro de las carpas, esto último con la complicidad de las estripteuses. Dice Meiselas:
“La mayoría eran mujeres de pueblos pequeños, de comunidades muy aisladas en las que se presionaba a las chicas que no se conformaban. Tenían ideas diferentes sobre ellas mismas. Si no querían trabajar en la fábrica o ser amas de casa, no había muchas posibilidades en aquellas comunidades, así que decidían coger la carretera. Era una aventura, algo romántico. Les guiaba un espíritu de búsqueda, el ser más independientes.”
Meiselas hizo después Pandora’s Box, un libro con textos y fotografías de un prostíbulo de Boston o NY, no recuerdo, para clientes masoquistas. Contó con el permiso de los implicados. Hay algunas instantáneas en las páginas de EXIT, y desde luego no avergonzarían a un niño de los que ven diariamente la televisión en horario infantil.

Información de Big Sister, de Hanna Jakrlova. Es también un libro, en el que se retrata un prostíbulo abierto en Praga con este nombre, para internautas. Las habitaciones disponen de un circuito de cámaras. Se puede mirar desde cualquier parte del mundo pagando una cuota. Los clientes del prostíbulo, sin embargo, no pagan, porque saben que los están observando.

Entrevista a Larry Sultan, fotógrafo norteamericano. Fotos sobre sexo en una urbanización. Dice el autor:
“Las zonas residenciales forman un importante telón de fondo para determinados temas que son oscuros y escapan a nuestro control”… “las casas se vuelven siniestras, se convierten en lo que son. Aquellas casas en las que crecí eran casas profundamente inestables; inestables por mi experiencia de las peleas familiares que tuvieron lugar en su interior, inestables por mis propias fantasías masturbatorias y por las cosas horrendamente despreciables que mi hermano hizo en casa”.
Este proyecto le ocupó un montón de años, y discurrió de la inocencia inicial al vacío final. “Para mí, las fotos menos interesantes de ese libro son las de sexo. Nadie las mira, son aburridas. El tema está agotado. La primera versión del libro trataba principalmente de muebles y habitaciones… A lo largo de los años cambió para convertirse en más humano”. Y entonces se echó a perder, por lo del sexo explícito.
La lectura de esta entrevista provoca la idea de que Sultan no está nada contento con su trabajo. No es de extrañar, por el tema morboso y doliente en el que se centró. La vida en una urbanización, como la vida en un piso de viviendas, o en una casa de campo tiene de todo. Momentos agradables, sensaciones para el recuerdo, y momentos que merece la pena olvidar. Pero el arte moderno ha decidido que esos momentos desechables son los que representan la existencia, y se ceba en ellos.

¡Qué le vamos a hacer! Entramos y salimos. Nos apasionamos, nos aburrimos. Nos abrumamos, nos deprimimos. La vida es todo. El arte es todo.

lunes, 18 de febrero de 2008

Crónica del pájaro-que-da-cuerda-al-mundo

O una novela que pudo haber cambiado mi vida

De tarde en tarde sobreviene algo que te produce una sensación de vuelco vital. A veces es un encuentro, otras, un viaje, una visita a un museo, una película, un libro…
Un grueso volumen en el estante de un VIPs de Madrid me llamó la atención hará pocas semanas. No puedo precisar qué, el grosor del libro, la ilustración de la portada, el título, Crónica del pájaro-que-da-cuerda-al-mundo. No sabía nada del autor, Haruki Murakami. Leí por encima la información de la cubierta, y me pareció que se trataba de una novela del género detectivesco o de intriga. Mi mujer me animó a comprarlo.
Lo empecé a leer de inmediato, movido por el mismo impulso vehemente. Me capturó enseguida. Y cuando, hacia la mitad del libro (que tiene más de 900 páginas) hace su aparición algo oscuro (misterioso), informe (de perfil confusamente humano), plástico y pringoso, comprendí que ese algo que había atraído al protagonista, el joven Tooru Okada, al fondo de un pozo, también me había pescado a mí.
Sin embargo, no tardé en descubrir que la Crónica del pájaro… no es una novela de intriga.
Tooru Okada es un joven de Tokio, administrativo en paro voluntario, casado con una mujer que le supera en ambición, redactora de una revista especializada. La vida que nos describe Tooru, la suya propia, pues es una novela narrada en primera persona, es anodina, mediocre, de un tipo casi asocial, aunque no parece faltarle ningún tornillo.
El conflicto arranca con la desaparición del gato de la pareja. Tal es el empeño por encontrarlo que la esposa de Tooru, Kumiko, contrata a una especie de vidente que pide reunirse con el administrativo en paro voluntario.
A partir de aquí entran en la narración los singulares personajes que utilizará el autor para construir la acción. Ésta es lineal, progresiva, pero se hunde en el pasado, aunque sólo el de ciertos personajes mayores, que se remontan a su juventud o su infancia en el escenario de la guerra chino-japonesa, la ruso-japonesa y los últimos meses de la guerra mundial. También evoca Tooru Okada su noviazgo con Kumiko, y narra la misteriosa relación de ésta con un hermano mayor, un tipo siniestro, Noboru Wataya, y la soledad y casi la angustia en la que creció Kumiko, hasta encontrar a Tooru.
Al poco de desaparecer el gato, la propia Kumiko hace lo propio, con lo cual Tooru tiene ya dos búsquedas que realizar. Ambas constituyen la espina dorsal de la narración en términos formales, con una serie de costillas que son las peripecias de los personajes contemporáneos y los extemporáneos.
Yo esperaba encontrar en esta novela una descripción directa de la sociedad japonesa, que desconozco por completo. Lo que fui descubriendo fue una visión de Japón reducida al sofocante ámbito de unos personajes inusuales (por raros). Sin embargo, no me sentí decepcionado, lo que leía me ilustraba al efecto esperado. Tenía la impresión de que el autor había escogido a unos tipos excéntricos que el lector japonés sin duda reconocería como símbolos o estereotipos bien trazados de su sociedad, al estilo de los de las novelas de Thomas Mann o incluso de Goethe para el lector europeo. He aquí los nombres, mezcla de japoneses y occientales: las hermanas Malta y Creta Kanoo, May Kasahara, la señora Nutmeng Akasaka y su hijo Cinnamon, el señor Honda, el teniente Mamiya.
El joven Tooru es un japonés anodino, pero muy buen conocedor de la cultura occidental, algo que a la mayoría de los occidentales, incluso a los algo leídos, no nos sucede en relación con los pueblos orientales.
Los personajes excéntricos de la Crónica del pájaro… urden el bastidor de una acción muy poco agitada, pero preñada de enigmas. El mérito de Haruki Murakami es mantener un intenso clima de intriga sin los recursos habituales de la novela de género. Su fórmula es la excentricidad de los personajes, y su comportamiento, que calificaría de anticonvencional o inesperado. Videntes de apariencia y hábitos surrealistas, una vecina de Tooru que juega a ser Lolita (el autor fija deliberadamente el juego, no es que le salga por descuido una Lolita nipona), pero que está sugiriendo a cada instante que es una persona de genio y cordura excepcionales. Una curandera de lujo y su hijo mudo pero superdotado...
La novela se estructura en tres partes. La primera corresponde al planteamiento. La segunda y un buen trozo de la tercera, al nudo. Y más o menos desde la mitad de la tercera parte, se precipita el desenlace.
Haruki Murakami, trenza con gran habilidad, varios cursos narrativos. Al principio son sólo relatos inconexos, pero interesantes y tensos. Poco a poco se va viendo la relación entre ellos. Murakami administra muy bien la ambigüedad, y crea en el lector una curiosidad impaciente por llegar al desenlace. Estamos deseando desembocar en la conclusión para averiguar si las causas de las sorpresas que vamos descubriendo son naturales o sobrenaturales.
Si he titulado este texto “Una novela que pudo haber cambiado mi vida” es porque todas las expectativas que Murakami crea con ingenio, perseverancia y solidez a lo largo de su novela, se diluyen al final. No es que se derrumbe la novela. Simplemente, se desinfla.
Es una pena. Pero es casi inevitable, porque la coherencia con todo el esfuerzo desplegado era dificilísima. Si Murakami se hubiera inclinado por la solución sobrenatural, la Crónica del pájaro… no encajaría en el esquema del género Harry Potter o El Señor de los Anillos, y sí podríamos hablar de fracaso. Y si hubiera optado por la explicación natural, lógica, tampoco habría encajado su construcción novelesca en ningún género conocido.
Al no decantarse ni por uno ni por otro, sino por la ambigüedad, Murakami pierde la apuesta en la que se ha comprometido. Porque si la Crónica del pájaro… es inclasificable, tampoco crea las bases de una fórmula nueva.
Sin duda por eso he perdido las ganas de leer otras novelas de ese excelente autor japonés. Temo que me vuelva a decepcionar después de unos cientos de páginas de agradable y atenta lectura.
Un estrambote dedicado a la editorial, Tusquets. La bibliografía que aparece en la última página del libro ¿es una tomadura de pelo final o es una pedantería? He aquí los dos primeros títulos: Chuurei Kenshoo-kai, Nomoban Bidan Roku, Manshu Tosho Kabushiki Shinkyoo, 1942. Borojeikin (traducido por K. Hayashi y T. Oota), Nomonhan Kuu-senki-soren Kuushoo no kaisoo, Koobundoo, 1964. Y así , ocho más. El último es una biografía de Beria en inglés.
¿A qué viene poner una bibliografía en japonés transcrito en caracteres latinos? Si era para lucirse, podían haberla dejado en caracteres japoneses, como el título de la Crónica del pájaro…, que no sabemos como suena en su idioma original.
¡Qué pedantería editorial!

domingo, 17 de febrero de 2008

Almodóvar y la Guerra Civil Española

Pedro Almodóvar anuncia hoy en “El País” que se ha propuesto hacer una película sobre el poeta comunista Marcos Ana. Le atrae de él que parece un ángel y que es un hombre bueno, que es decir lo mismo.
Antes de de leer el vago compromiso de Pedro Almodóvar (“dentro de dos o tres años, una vez que termine las dos películas que tengo entre manos”) me ha entrado una injusta ira: ¿por qué se propone Almodóvar hacer una película sobre Marcos Ana, y no sobre Santiago Carrillo, sobre Simón Sánchez Montero, sobre Enrique Líster, sobre El Campesino? ¡Pues anda, que no hay comunistas de vida agitadísima, intensísima, complicadísima, discutidísima!
Yo acabo de escribir la biografía del artista José Renau (espero que se publique en breve, ya lo anunciaré), cartelista, muralista, director general de Bellas Artes con el primer gobierno comunista de la guerra civil, exiliado en Méjico y en la República Democrática Alemana, y aseguro que, siendo su vida menos agitada que la de los que he mencionado más arriba, es digna del interés de un buen equipo de dirección y producción.
¿Por qué Marcos Ana?
La respuesta la explica Pedro Almodóvar. Hay que reconocerle la sinceridad. Lo que le interesa de Marcos Ana es su vida sexual. Acabáramos.
Hay imágenes muy plásticas en el libro cuando describe su fascinación por el sexo opuesto. Cuando ve una mujer, la sigue a escondidas hasta que desaparece en la boca del metro, o tras la puerta de su casa.
Una de las primeras noches en libertad encuentra a un antiguo compañero, que le lleva a un cabaret. Poco después le deja solo, con una de las prostitutas a la cual le ha pagado para que le atienda toda la noche. Esa primera noche con una mujer es lo que quiero contar. A lo largo de esa noche aparecerá todo su pasado, y el pasado de la
prostituta a la que no me queda más remedio que relacionar con alguno de sus compañeros de prisión para cerrar la historia...
No, mire usted, señor Almodóvar, no haga caso a mi injusta ira. Ruede usted la película que le interese sobre el individuo cuya vida sexual le atraiga más, pero olvídese de los políticos mencionados, incluido Marcos Ana que, aunque, de moral discutible, son todos dignos del respeto de la Historia.