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jueves, 22 de mayo de 2008

Un baño semiotextuante en las aguas turbulentas del 68

Las fotografías que ilustran esta entrada están tomadas en Buenos Aires en agosto de 2004



Cumplo mi promesa de terminar la recensión del número de mayo de ARTFORUM dedicado al Mayo del 68, cuando hoy hace exactamente 40 años, todos mirábamos hacia París desconcertados; las personas sin definición política pero disconformes con eso tan raro que se llamaba El Orden Establecido, con indisimulado júbilo, mezclado de cierta aprensión; y los que creíamos tener una ideología clara de izquierdas, con verdadero pasmo, porque jamás una revolución la habían iniciado ni animado unos estudiantes.
En el artículo titulado The Great Refusal, El Gran Rechazo, firmado por Sylvêre Lotringer, investigadora semiotextual, resume con precisión los hechos, y los contextualiza muy bien, sin duda debido a la pericia adquirida en su oficio.
“Fue la primera revolución global antes de que nadie supiera que era eso de global. La sincronía fue asombrosa, en particular dada la tecnología existente: no había teléfonos móviles, ni Internet ni cadenas de noticias de 24 horas. Ni siquiera lo evitó el hecho de que el planeta estaba dividido en dos bloques antagónicos cuyas fronteras zigzagueaban a lo largo del mapa del mundo. Y sin embargo, Mayo del 68 cruzó todas las fronteras, al margen de su naturaleza divisoria. Los que se oponían al ‘socialismo real’ de la Unión Soviética presionaban para obtener libertad y democracia, abrazando el capitalismo y la cultura pop americana; los que se oponían al capitalismo rechazaron los valores morales estrechos de la burguesía, el autoritarismo, la explotación laboral y abrazaron un ‘socialismo posible’ que pronto se demostró imposible de sostener.”


“Fue la primera generación que emergía de los cascotes de la Segunda Guerra Mundial y, como estudiantes, se encontraron con un orden que había sido creado para ellos y al que se sintieron obligados a oponerse.”

Después de una sucinta pero acertada cronología, la semiotextuante empieza la presentación de la entrevista con Toni Negri que vendrá a continuación.

“Al contrario de lo que sucedió con los estudiantes franceses, que se echaron a la calle en apoyo de los trabajadores en huelga, calentados por los acontecimientos, los Operaisti (Trabajistas) observaron de cerca la rebelión de los trabajadores italianos. Se dieron cuenta de que el capital no podría contenerla por mucho tiempo a no ser que cambiaran drásticamente las condiciones y el propio capital. Los hechos de París de 1968, evoca Negri en la interviú que sigue, no cogieron a los Operaisti desprevenidos, y se preocuparon de explotar su impacto creando un amplio movimiento llamado Autonomia, que incluía estudiantes, trabajadores jóvenes y desempleados. Creció durante una década, y se interrumpió abruptamente en 1977, en el momento en el que se estaba transformando en una fuerza importante en el país. El gobierno hizo resucitar leyes fascistas anteriores a la guerra con el propósito de arrestar, juzgar y condenar a los dirigentes Autonomistas bajo la acusación de ser los inspiradores intelectuales de los terroristas de las Brigadas Rojas. Negri fue sentenciado a treinta años de cárcel, de los que terminó cumpliendo un tercio.”
“Francia nunca se recuperó de los acontecimientos de aquella primavera. El país resistió cualquier intento de asimilar lo que había emergido abruptamente, pero Mayo del 68 dejó una impronta duradera: de sus cenizas surgieron las teorías políticas más vivas en Occidente de los últimos cincuenta años, como si la creatividad del Mayo Francés, relegado en cualquier otro aspecto, hubiera hallado en la filosofía su vía de escape más amplia.”

Florilegio de citas de la entrevista con Toni Negri
“Los acontecimientos de Mayo del 68 en verdad fueron un signo anticipatorio de la crisis de los sistemas socialistas burocráticos. Se les dio la oportunidad de superar el ‘socialismo real’, de recobrar la libertad.”
“El movimiento Autonomía fue diferente al Mayo Francés, que trataba de echar abajo el Estado. Nuestro problema fue cómo empujar hacia una modernización extrema. Aquí es cuando empezó la nueva historia. El movimiento italiano pudo no tener el fervor de la retórica situacionista, pero su extensión en profundidad y continuidad fue excepcional. Aquel largo momento del Mayo Italiano, desde 1967 a 1977, tuvo la misma ambigüedad que los situacionistas percibieron en el Mayo del 68, y que caracteriza ciertos fenómenos revolucionarios. Pero 1968 fue también el comienzo de algo más. Y esa ambigüedad, el hecho de ser a la vez pasado y presente, justifica su interés, su enorme importancia. El año 1968 fue el principio de la posmodernidad y, consecuentemente, el final de lo moderno. La crítica situacionista nos puede llevar hacia muchas puertas, pero debemos entender que había movimientos detrás de todo, una multitud de movimientos. Y había una organización industrial.”
“La fortísima síntesis que se produjo es la que nos permite hablar de lo contemporáneo en lugar de lo posmoderno. Para mí es una distinción de extraordinaria importancia. El pos presupone una continuidad entre lo que sucedió y lo que está pasando hoy, como si 1968 fuera algo que continúa, que empuja la modernidad hacia la hiprmodernidad o la posmodernidad. Pero eso no es el caso. Hubo un salto, una división histórica, una ruptura.”
Contestación al comentario de la semiotextuante sobre la rebelión contra el consumismo de los sesetaiochistas.
“Siempre encuentro un aspecto muy moralista y religioso a cualquier ataque y crítica al consumo., algo notable en el caso de Alemania. Estoy en un flagrante desacuerdo con eso. No creo que Mayo del 68 fuera un rechazo de la sociedad de consumo. Para nosotros, en los años de la posguerra, el consumo no fue opresivo, fue revitalizante. En los apartamentos que se construyeron a partir de los 60 (como consecuencia de las destrucción de la guerra) en toda Europa, se introdujeron la higiene, los baños, los retretes . Esto no era algo baladí. Cambió de verdad y por completo la vida de las personas.”
“No. Mayo del 68 fue en primer lugar el rechazo de la organización taylorista y fordista del trabajo. Alrededor de la mitad de los 70 los intelectuales italianos no cesábamos de preguntarnos: ‘¿Qué pasa? Pero, ¿qué está pasando?’ Las cosas estaban cambiando. Los trabajadores no querían emplearse en la Fiat. Las cadenas de montaje eran insoportables. En lo que a mí me concierne, Mayo del 68 fue una ruidosa confirmación de la indignación que sentí como individuo, de la ruptura que me condujo a trabajar en una fábrica y analizar la transformación en curso. Y valió la pena, de verdad.”
“Los trabajadores ya no querían ser esclavos. Demandaban nuevas formas de trabajo. Viví en Milán de 1971 a 1979 – el año en el que me encarcelaron-, y había barrios enteros, Garibaldi, Ticinese, donde la policía no podía entrar. Y no porque hubiera disturbios insostenibles. La policía no podía entrar porque nosotros habíamos podido organizar la textura social. La gente habla de la necesidad del poder, pero el poder sólo es necesario para los jefes. No es necesario para la vida. Ha de ser posible pensar en términos de alteridad, de lo otro que todos tenemos en común. Spinoza lo concibió como una continuidad entre la sociedad y el estado.”
“Como espinocista considero que vivir juntos es algo absolutamente normal. No tenemos necesidad de defendernos del Anticristo para aprender a hacerlo. El movimiento revolucionario tiene sus pausas, sus momentos de reflexión y alegría. Al final, cuando pensamos sobre él, Mayo del 68 no fue una lucha y una confrontación exaltante; ese es todavía su aspecto ‘moderno’. 1968 fue algo completamente distinto: el placer de descubrir una nueva humanidad, una profunda alegría interior y exterior. Fuimos de la utopía a la concreción no utópica de lo real. Lo que estábamos haciendo, lo que deseábamos hacer y lo que empezamos a hacer contenía un nuevo riesgo, un nuevo mundo. Y no fue un sueño. La única comparación posible del 68 sería con 1848.”
S. Lotringer: “Usted sugiere que el Imperio [se refiere al libro escrito por Negri y Michael Hardt] ha reemplazado al Estado-Nación.”
“Mi problema fue identificar formas políticas que correspondieran a la globalización y deducir que tipo de soberanía reemplaza nociones como pueblo y nación.”
“Llegamos a entender que el capitalismo era mucho más importante que cualquier forma particular de gobierno de estado. Este fue el tema verdadero en 1968, y no hemos sido capaces de cambiarlo. El desarrollo capitalista lo ha sobrepasado incluso. En ese punto, finalmente hemos ganado: el estado dejó de ser el estado nación. Lo hemos entendido gracias al trabajo, gracias a la actividad de las singularidades, que no tienen nada que ver con clases o con masas, y podemos ir más allá de la lucha de clases a una nueva forma de actividad social. La clase trabajadora como tal podría transformarse en una multitud. Y eso es una enormidad.”
“La multitud no es sólo un concepto de ciencia política. Es esencial en él la dimensión cognitiva del trabajo y del conocimiento, el trabajo inmaterial. La multitud tiene que ver con las redes, con una independencia de cooperación.”

Al margen de que uno pueda estar de acuerdo o no con Toni Negri, la lectura de esta entrevista nos permite deducir que los intelectuales que sostienen a la “izquierda” que domina el Estado y en especial la que sostiene los disparates nacionalistas de ciertas autonomías españolas o no se ha enterado de nada, o no le da la real gana enterarse, por miedo a perder sus prebendas y su fama de “niños terribles” del progreso posmoderno.

Y para finalizar, un artículo que me llamó tanto la atención que lo he traducido completito.

Se titula Learning Curve, escrito por Ton Hollert, sobre la educación y al arte radical en Alemania en aquellos años turbulentos.

Como no quiero meterme en líos sobre derechos de autor, no lo voy a colgar entero, sólo los dos primeros párrafos. Pero aquellos de mis desconocidos visitantes pueden pedírmelo por email y se lo enviaré gustoso.

Learning Curve
(Doble sentido)
La Curva de la Educación o Aprendiendo a Hacer Curvas
Tom Hollert sobre la educación y el arte radical en Alemania
Artforum, número de Mayo de 2008

La tarde del 22 de junio de 1967 Joseph Beuys convocó por sorpresa una conferencia de prensa en la Academia de Arte de Düsseldorf, y anunció la fundación del Deutsche Studenten Partei (El Partido de los Estudiantes Alemanes). Habían transcurrido sólo veinte días desde que un policía matara al estudiante Benno Ohnesorg en una manifestación contra la visita a Berlín del sha de Persia, un momento crucial en la movilización política de estudiantes en Alemania Occidental, que culminaría en las protestas de 1968. En medio de esta confusión, una fotografía de la reunión muestra a Beuys y a sus estudiantes sentados, mirando hacia el suelo con un aire de deliberada circunspección unos diagramas trazados con tiza por el profesor: líneas y círculos con las palabras legislative, judikative, y executive , escritas en torno a una de las circunferencias, como si pretendieran subrayar más allá de cualquier duda que este gesto público estaba enmarcado en las crisis contemporáneas de la didáctica, la democracia y la separación de poderes. Desde luego, fue desde la esfera de la educación de donde emergerían tantos modelos de arte y política revolucionaria en los años 60. El aprendizaje condujo al fracaso en muchos sentidos, y sin embargo esta historia no es ni mucho menos un caso cerrado.
Cinco meses después de la conferencia de prensa de Beuys, la firma de los estatutos del nuevo partido estudiantil quedó documentada en otra fotografía (ambas las tomó Ute Klophaus, el legendario cronista visual de Fluxus y Happenings): Beuys. Johannes Stüttgen (uno de los alumnos de Beuys en aquel momento, e íntimo aliado suyo), el compositor de Fluxus Henning Christiansen y el poeta, crítico y educador Bazon Broca aparecen en pie tras un escritorio improvisado en el aula de Beuys. Ese mueble simbólico llevaba pintadas las letras DSP, y el cuarteto realiza solemnemente los rituales de lanzamiento de una organización política. Semejantes acciones eran una burla de Beuys y sus colaboradores del DSP de las fotografías de familia y los pseudoeventos de la política ante los medios de comunicación, desplegando una retórica visual de oficialidad que ridiculiza el autobombo de los rituales de la democracia. Pero además, estas parodias también invocaban la violencia de la democracia occidental, cuyo ejemplo más famoso fue el cartel de 1973 Demokratie ist lustig (La Democracia es divertida), que exhibía la expulsión por la policía de un solazado Beuys de la academia de Düsseldorf en 1972, en sarcástica sintonía con los movimientos de protesta de los 60, la brutalidad policial, y el incremento del terrorismo izquierdista en Alemania Occidental durante los 70. A lo largo de esos años, Beuys perpetuó su propia imagen como un enemigo cachondo del estado policía, un aspecto de su repertorio de papeles que incluían al demócrata radical y al revolucionario, al curandero y al chamán, al nómada y al gángster, al rebelde y al luchador.
Pero quizá el papel más insurgente que interpretó fue el de maestro. Beuys fue la quintaesencia del artista-educador del arte de la posguerra europea, con el objetivo, ni más ni menos, que la revolución por medio de la educación. Lanzar el Partido de los Estudiantes Alemanes en 1967 no sólo fue un gesto dirigido contra la política parlamentaria y el estado. Con gran precisión se dirigía al dominio de la escena política radical de los grupos estudiantiles de la oposición extraparlamentaria (APO), y el Sindicato de Estudiantes Socialistas Alemanes (SDS). Ridiculizando el marco existente de las organizaciones estudiantiles, Beuys iba más allá de las opciones contraculturales. Su partido estudiantil renunciaba a cualquier alineación “socialista” o “marxista”, al menos nominalmente, con el propósito de convertir el territorio de la educación artística en un medio de agitación política. “Todo hombre es un estudiante, es decir, una persona que aprende”, como explicó Beuys a los periodistas que acudieron a la fundación del DSP.

miércoles, 7 de mayo de 2008

Los fabulosos 60

40 años es sólo una fecha redonda, pero según nuestra tradición carece del significado que tienen los 25 ó los 50 ó los 100, el siglo.
Mucho tiempo tiene que pasar para que entendamos lo que hacemos o han hecho otros contemporáneos. Tanto, que es posible que nos coja en el otro mundo.
Este mes de mayo los medios nos dan la matraca con el cuarenta aniversario del Mayo Francés. Hace unas semanas, ABC le dedicó un suplemento especial en el que casi unánimemente lo desacreditaba o minimizaba. Fuera del suplemento, Jon Juaristi escribía un artículo en el que venía a decir que en España no nos enteramos de lo que era aquello, o que lo malinterpretamos. Sin tener yo los conocimientos del respetable Juaristi, me atrevo a matizarle. Yo creo que el Mayo del 68 ha sido malinterpretado por todos, empezando por los que lo protagonizaron. Porque el Mayo Francés fue mucho más que tres semanas de algaradas estudiantiles, fue la cristalización de todo un movimento de cambio, una marea de fondo entre los jóvenes más despabilados de occidente, los estudiantes, un movimiento que llevaba años larvándose en Alemania, en los Estados Unidos, en Italia, e incluso en España, donde las algaradas contra los grises en las universidades no eran sólo una manifestación de libertad contra el franquismo opresor, sino básicamente una erupción simultánea más de aquella década que cambió el mundo.
La llamada contracultura, por ejemplo, proporcionó un entrenamiento no deliberado a nuevas formas de experiencia. En los años 60 cristalizó toda una manera de ver el mundo, hoy irrecuperable, aunque algunos sintamos nostalgia de nuestra niñez, antes de la transformación, del mismo modo que uno cree que la vida en una isla del Pacífico hace trescientos años debía ser pardisíaca. Pero esos cambios han sido adoptados por el mercado, y ahora nos parece que no tuvieron efectos reales, que no cambiaron más que hábitos de consumo, la fragmentación de la sociedad ansiosa por satisfacer sus deseos enajenados por la publicidad y por el Sistema. Pero es porque esos cambios profundos están sucediendo ahora mismo ante nuestras narices, y no los vemos.
He recibido el último número de ARTFORUM, revista a la que estoy suscrito. Viene dedicado al 68. Es fascinante. He realizado algunos resúmenes de los artículos que he leído hasta ahora, porque me parecen muy útiles para quienes estén interesados en el tema y no tengan acceso a la revista en una biblioteca o no lean Inglés. Algunos de los artículos que resumo están accesibles a través de la red, en la página de ARTFORUM. Otros no, como una entrevista con Toni Negri, un ensayo sobre radicalismo y educación en Alemania, otro sobre el grupo Zanzíbar y algunos más. Como no me voy a perder ni uno, prometo colgar más resúmenes. De momento van estos de debajo.
Artforum
Mayo 2008

Lessons of 68 Tim Griffin
Es el director de la revista. Copio un significativo párrafo del editorial.
A lo largo de estas páginas, los ensayistas subrayan repetidamente las maneras en las cuales los modelos creativos y los conceptos que impulsaron el 68 – desde el pensamiento flexible y estructuralista que subyace a la crítica institucional (Buchloh) a los esfuerzos pedagógicos que presentan alternativas viables a la burocratización social (Holert); desde los principios de la autonomía individual apoyados en el esteticismo (Atkinson) a las ideas aplicadas de la diferencia (Gillick) – constituyen hoy el entramado del amplio bastidor del comercio y de la industria.

Before the Revolution Arthur C. Danto
Rememora su participación en la huelga de los estudiantes de la Universidad de Columbia de NY. Empezó el 23 de abril, y fue la ocupación de varios edificios universitarios. La intervención de la policía, reclamada por el presidente de la institución (que luego dimitiría por su torpeza) fue el detonante de una acción que los estudiantes creían revolucionaria, y que al propio Danto le pareció que iba por ese camino, mientras se mantuvo dentro de la universidad. Pero en cuanto salió, se dio cuenta de que el resto de NY mostraba una indiferencia total, incluso los negros de Harlem, que según algunos rumores, estaban dispuestos a asaltar la universidad y a prenderla fuego. Ni siquiera una manifestación contra la guerra del Vietnam convocada en Central Park el sábado 27 de abril se convirtió en una muestra de apoyo a los “revolucionarios” de la universidad.
Tengo una especie de teoría . Cuando se aproximan grandes cambios sociales, algo sucede antes en el arte. Piénsese en el Romanticismo y la Revolución Francesa, en la vanguardia rusa de los años 1905 a 1915 y el eslogan de Alexander Rodchenko “Arte es vida”.
Sostiene Danto que los estudiantes de Columbia deseaban participar en las decisiones que les afectaban, y romper las barreras que les confinaban a ese territorio definido por Kant como “atemporal”.
También dice que eran poco revolucionarios en cuestiones de arte, porque abuchearon a Velvet Underground cuando fueron a hacerles una visita e ignoraron una exposición que Warhol parece que preparó para ellos titulada Blow Job. Pero había un espíritu de traspasar límites. (Aunque a continuación afirme que hay límites que no deben de ser sobrepasados, en referencia a la actividad de la administración Bush de borrar los límites morales.)

May ’69 Chris Kraus on Suck
En la recensión de este artículo (y en la siguiente) me he permitido introducir comentarios. Quien desee leerlo en su versión original en inglés, puede acudir a la página Web de ArtForum indicada aquí.
Lo que Mayo del 68 vino a demostrar es que se podía vivir de una forma diferente a la establecida.
La liberación sexual fue una manera de alterar el orden social, o de organizar la dinámica del poder situada en el corazón de la familia nuclear, y de forjar nuevas formas de alianza.
Suck, the First European Sex Paper apareció en Londres en 1969, pero se trasladó a Amsterdam para evadir las leyes sobre obscenidad y la censura británica. Suck celebraba el amor libre de los hippies y el sexo gay y lésbico como forma de sexualidad no privatizadas, una manera de llevar a la gente más allá de los confines del yo, a nuevos y compartidos territorios de placer y amistad.
Uno de sus fundadores, Heathcote Williams aseguró después que “Suck fue un despliegue de Schtupping [folleteo] revolucionario. No puedes follar con todo el mundo, pero al menos puedes intentarlo.”
Los editores de Suck hacían lo posible por crear noticias, eventos relativos a la comunidad underground. (Esto me hace pensar en la cantidad de dinero y esfuerzos que se dedican a crear noticias para luego administrarlas en los programas televisivos y en la prensa del corazón y del espectáculo en general.) Estaban influenciados por Fluxus y el Situacionismo. (A quienes no les resulten familiares estos términos o movimientos, como a mí me ha pasado, aconsejo buscar la explicación en Wikipedia, y/o Archivo Situacionista Hispano, y/o Mario Perniola, Los situacionistas. Historia crítica de la última vanguardia del siglo XX, Acuarela Libros, Madrid, 2008.) Kraus asegura que el impacto de Suck y de otras revistas de parecida naturaleza que proliferaron en aquel tiempo fue enorme. “La intervención cultural era barata – pero en otro sentido, también muy costosa, porque requería una tremenda dedicación de tiempo y energía personal.”
Kraus destaca que Suck estaba por encima de esa reducción de la sexualidad al territorio de las confesiones y del psicoanálisis. Por ejemplo Germaine Greer, una de sus activistas y redactoras decía que estaba harta de que la trataran de un modo diferente a como se trataría a una chica cualquiera sin sus credenciales de intelectual, y que condenaba la monogamia no por la variedad que proporciona la promiscuidad, sino para liberar a las mujeres de los celos sexuales y de la noción de que el cuerpo femenino es un capital valioso pero rápidamente devaluable y en disminución.
Mientras en nuestra época lo personal se ha degradado tanto, debido a sus connotaciones confesionales y terapéuticas, que numerosos artistas eligen esconderse tras el anonimato [no lo veo yo tan claro, pero bueno], los autores de Suck contemplaban manifestarse ellos mismos no como un narcisismo personal, sino como un medio de escapar de los límites del yo. Liberar la sexualidad era un intercambio de información. “Confrontación”, escribe Greer en Wet Dreams, “es consciencia política”.
Explica Klaus para terminar la experiencia de FHAR, el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, creado en París en abril de 1971. Este grupo atrajo la atención de Gilles Deleuze y de Felix Guattari, que acababan de publicar El Anti-Edipo: capitalismo y esquizofrenia, un texto que compendia los sentimientos y pensamientos de los situacionistas y movimientos afines pero menos famosos. Guattari anticipó la tendencia de los grupos proderechos gay de “normalizar” la homosexualidad replicando valores familiares de la familia heterosexual.
(Algo que ratifica la trampa de la legislación zapateril , al equiparar la convivencia de homosexuales al matrimonio, con la justificación de que atendía a una demanda muy sentida y dolorosa. Desde la perspectiva de los movimientos de liberación homosexual herederos del mayo francés, se ve que el matrimonio homosexual, además de ser una incongruencia, es un acto de sabotaje y contrarrevolucionario, una maniobra del Sistema para seducir el voto de un montón de personas que se creen atendidas por un golpe de pluma parlamentario, dicho sin ninguna segunda intención.)
Es el caso que Guattari, que dirigía el Centro de Estudios, Investigaciones y Formación Institucional, una reserva intelectual del Sistema, se atrevió a colaborar con el FHAR y publicó un grueso volumen de su revista Recherches, dedicada al tema de “Tres mil millones de perversos: Gran Enciclopedia de la Homosexualidad”, en la que colaboraron un selecto grupo de intelectuales. Como se temían lo peor (lo que pasó, que la justicia francesa secuestró el número, lo destruyó, y encausó a Guattari), nadie firmó los artículos, salvo el responsable.
(Aquellos que atribuyen a la estrechez mental del franquismo la persecución de toda manifestación de libertad, tienen en este hecho un aprueba de que la liberal Francia hacía lo propio. De modo que o Franco no era tan malo - y ya lo creo que hizo barbaridades-, o se le están atribuyendo responsabilidades que no eran suyas, de su régimen en España, sino de una forma universal de ver el mundo, que desde 1968 cambió radicalmente, aunque poco a poco y por consenso, como la Transición política española. Así que no somos tan diferentes como la Internacional Progre quiere hacernos ver.)


Special Effects, entrevista de Michelle Kuo con Michael Callahan sobre USCO
USCO (Company of US), Compañía de Nosotros, doble sentido al coincidir con US, United States. La constituyeron un poeta e ictiólogo Gerd Stern, el pintor Stephen Durkee y el ingeniero electrónico Michael Callahan. Fue en 1964.
Se instalaron en una iglesia abandonada de la población de Garneville, en el estado de Nueva York, y empezaron a experimentar la mezcla de efectos sonoros y visuales que los medios electrónicos de aquella época ponían a su alcance. Callahan dice que su inspirador teórico era el filósofo Marshall McLuhan, que les animaba poner en práctica sus teorizaciones sobre la sociedad de la información y todas esas cosas. Uno de los resultados de su trabajo fue The World, en 1966, un hangar abandonado en una zona industrial que en cierta forma fue la primera discoteca de la historia, porque se proyectaban imágenes, se combinaban sonidos y se utilizaba una tecnología de las consideradas punta, aunque estaba conseguida con desechos de la IBM y aparatos inventados por los experimentadores.
Como es obvio en The World no se reunía la gente a bailar y a ligar, a colocarse un chute o a fumarse un canuto, aunque es posible que aprovecharan las circunstancias, sino para asistir a una experiencia en la que se anticipaba la psicodelia, y se podía uno aturdir, escapar del mundo rígido en el que vivían. Aunque esto último dice Callaham que resultó un problema, una sobrecarga sensorial.
En los 60 podías sobrecargar a la gente sólo con cuatro proyectores de diapositivas, dos proyectores de cine, una pareja de grabadoras de sonido, todo funcionando a la vez. Era demasiado… La gente se quejaba de que era demasiado. Estaban acostumbrados a lo lineal, a la narrativa literaria. Y además estaba el problema de la clasificación, estaban intentando acostumbrarse a eso y además tenían que encontrarle un sentido.
(Es interesante saber cómo empezó toda esa locura discotequera que hoy retumba en cientos de locales, hasta en las aldeas más remotas, con la ayuda de una tecnología “revolucionaria” en sentido puramente técnico y figurado, porque se utiliza para aturdir, y los que van a buscarla lo hacen con el único propósito de enajenarse durante un rato, algo que, bien pensado y medido, no está mal, como lo demuestran las prácticas de todos los pueblos “primitivos”, pero que tal y como se emplea es un instrumento de redireccionar la energía humana hacia un basurero o hacia un abismo, cuando sus inventores lo pensaron como experiencia artística constructiva. )
Lo que realmente me preocupa es la fragmentación actual, cada uno con su canal, escuchando su iPod, enviando sms con su móvil. Probablemente es ingenuo que pensáramos que aquellas formas de conectividad fueran buenas, que podrían conducirnos a la aldea global, a entendernos a través de la comunicación, de la tecnología. Entonces no era posible, pero hablábamos del gran proyecto que acabaría con todos los proyectos. Le llamábamos el Transformador. Habría sido un gigantesco banco de datos en el que cualquiera habría podido entrar. Una especie de Web, aunque la Web ha sobrepasado todo lo que hubiéramos pensado entonces.
Callahan termina sus declaraciones con esta afirmación patética:
Podía ver que las cosas se estaban integrando en los 60 debido a que los medios electrónicos nos permitían compartir experiencias, y siempre asumí que estas convergencias tributarias se reunirían en una sola. Pero lo que sucedió fue que, aunque se cruzaron, cada una siguió por su camino poropio y separado de las demás.