Sensaciones, ideas y fantasías

martes, 10 de junio de 2008

Viva el espectáculo

Dazibao multiétnico en un muro suburbano


Me encuentro con un colega de cierta televisión estatal en un acto informativo (véase la definición de acto informativo al final de esta entrada).

Le quedan pocas semanas de vida profesional en la tele citada, porque le prejubilan a la fuerza. A la fuerza, también ahorcan. El se siente un poquito así, entre otras cosas porque no va a poder jubilarse del todo, pues le queda el 70 por ciento de su sueldo, y tiene numerosas obligaciones económicas, hipoteca, pensión, alimentación, vestido, ocio y tiempo libre. Se buscará la vida. Los periodistas de la vieja escuela sabemos hacerlo casi mejor que los becarios de hoy en día.

Coincidimos en una aserción que se difunde como una marea negra en nuestro medio audiovisual.

En televisión, la información ha muerto. Viva el espectáculo.

De hecho, los becarios que desembarcan de su patera universitaria en las costas del periodismo audiovisual lo tienen clarísimo. Si conoces las técnicas del showman, a chupar cámara mientras te dejen; muévete con energía, con gracia, agita los brazos sin llegar a ser una marioneta, modula tu discurso con las debidas esdrújulas, y a esperar que un jefe o jefa te descubra y te impulse.

Siempre ha sido igual, en mi juventud, también, aunque entonces había un umbral que no todo el mundo estaba dispuesto a traspasar, el que imponía el Movimiento. Hoy, la ideología política es un tigre de papel, libre interpretación del calificativo maoísta, y los chavales de las pateras periodísticas sólo discriminan a los fachas de los progres, porque es lo que les dictan en las aulas; entre medias, hay un abismo negro; se acabaron las medias tintas.

¿Para qué estudian información los estudiantes de Ciencias de la Información?

O el título es un eufemismo o un fraude. Un poquito de ambas cosas, una mezcla, al fin y al cabo vivimos en la multicultura, en el revoltijo étnico.

Un ejemplo, acabo de escuchar en una cadena nacional a un periodista informando desde Barcelona sobre la desarticulación de una "célula islamista" (lo pongo entre paréntesis porque si al cabo de un par de meses volvemos al tema, a lo mejor nos encontramos con que la célula islamista era un grupo de moritos charlatanes), y va el tío y dice (informa) que algunos de los detenidos eran de origen algeriano. El tipo es periodista (puede que acaso sea becario), y como habrá estudiado en catalán, algo muy noble, pero está poco instruido en la otra lengua oficial, la que hablan cuatrocientos millones de personas, en lugar de argelino dice algeriano. ¿Esto es efecto del revoltijo étnico, del multiculturalismo o de la incultura? El caso no es excepcional. La radio es un vertedero de barbaridades lingüisticas, semánticas, morfológicas, sintácticas, en suma, gramaticales.

Otro ejemplo. ¿Qué narices está pasando con la huelga de camioneros?

Se nos informa sobre las carretras cortadas, se asoman a los micrófonos ciudadanos desabastecidos, camioneros agresores o agredidos, portavoces gubernamentales y no gubernamentales hablando de diálogo. Pero yo todavía no me he enterado de las reivindicaciones específicas de los camioneros. Sólo sé que les cuesta tan caro el gasóleo que están abocados a la ruina empresarial. Pero, ¿qué proponen para evitarlo? ¿Qué propuestas les hace el gobierno?

A mí también me sale por un ojo de la cara el gasoil, y cada vez que voy al supermercado descubro que ha subido algo. Yo también quiero que se detenga la inflación, que se descubran energías alternativas, todo eso. Pero yo soy un ciudadno anónimo y desarticulado. Los camioneros en huelga, no. Estoy seguro de que tienen un plan, Una de tres, o no lo han explicado bien a los periodistas, o los periodistas no saben cómo explicarlo o no les da la gana hacerlo. ¡Y mira que una huelga de camioneros es espectacular!

Definición de acto informativo. Dícese de aquel en el que se reúnen un grupo de periodistas convocados a un espacio cerrado o abierto por una institución pública o privada, con objeto de recoger información elaborada previamente por la institución convocante. La diferencia entre un acto informativo y una información es que en el primero la información viene empaquetada, y por lo tanto no es fiable o no es valiosa. La mayoría de los actos informativos convocados en espacios abiertos son anecdóticos o folclóricos y a la mayor gloria de una autoridad pública o privada. Los actos informativos en espacios cerrados suelen ser declaraciones de autoridades que, a las preguntas indiscretas de los informadores, responden con vergonzosas evasivas, aunque a ellos no se les enciende la cara y se quedan tan panchos, cuando no se mosquean con el interrogador y le echan miradas de fuego.

domingo, 8 de junio de 2008

Correo de Lhasa

Salud, gasóleo y pesetas

Dejo para otra correspondencia los detalles que prometía en la última sobre el cartero yugoeslavo que me trae noticias de allende el Tíbet. Necesito interrogarte ahora sobre uno de los detalles más inquietantes.
Los medios de comunicación españoles (aportados por este cartero yugoeslavo) me están transmitiendo una imagen de España que presagia caos y hasta catástrofes.
¿Qué está pasando por ahí, amigo F.? Cuando me retiré al Tíbet, dejé una nación de naciones al borde de la paz perpetua, con un presidente de gobierno confirmado por millones de españoles (incluidos los fraccionalistas) y un Partido Popular en vías de descomposición. Esto suponía una paradoja enigmática, insoportable para mis limitadas mientes. Resulta que los que aseguraban que no había peligro de que el país se despellejara, así que se le podía despellejar sin miedo, habían sido premiados por el pueblo. Y los que se habían empeñado en mantener la piel intacta, de pronto empezaban a tirarse de las greñas.
De súbito, parece haberse desplomado el sólido edificio de la economía que construyó el gobierno Zapatero en su discurso electoral.
Y no sólo eso, no sólo los perversos muñidores de la maldita globalización se han puesto de acuerdo con perfidia y reserva para subir los precios de las materias primas con el único e inconfesable propósito de jorobar la paz universal instaurada por los habitantes de la Moncloa, sino que a Zapatero le ha salido una huelga de transportistas, de pescadores y de otros elementos de la extrema derecha económica.
El caso es que no se trata de aquella clase de junkers, aristócratas ricos e industriales belicistas que colaboraron a la elevación y sostenimiento de Hítler y su partido Nacionalsocialista. Se trata de miserables trabajadores autónomos, de cooperativistas, de pequeños empresarios agobiados por los costes de producción. Pequeño burgueses, enemigos del progreso, egoístas, mezquinos.
¡Pero que está pasando por ahí!
Me dice mi cartero yugoeslavo: “El gobierno de Allende empezó a tambalearse a causa de una huelga de camioneros. Y al final apareció Tiburón Pinochet.”
Es una errada comparación, arguyo. Ni las circunstancias políticas nacionales, ni las internacionales, ni los intereses en juego dentro y fuera de España se parecen.
“Pero, ¿qué puede pasar?”, me interroga el cartero yugoeslavo.
Le tranquilizo. Me figuro que nada grave, aunque puede que alarmante. El talante zapateril será puesto a prueba. Igual resulta que el vallisoletano-leonés es un genio, además de un taimado de la política. Aunque también es posible que intente una de sus jugadas de distracción y enturbiamiento, y le salga el tiro por la culata, porque no es lo mismo pasarle la mano por el lomo a un político en ejercicio (llámese Mas, Carod, Maragall, Ibarreche, etc) que a un bronco camionero, a un fornido pescador acostumbrado a tempestades de verdad. A eso no se les gana con buenas palabras.
Lo más probable, estimo yo desde la distancia tibetana, es que hacia el miércoles o el jueves, agobiados los mercados, los supermercados y las gasolineras, y acogotado el personal ante un panorama de falta de vituallas, los burócratas del gobierno ofrezcan una solución de emergencia a su jefe (primero tienen que explicársela, luego que disfrazarla de retórica, y finalmente, hacer que se la aprenda para que no suelte alguna patochada de esas de España no tiene suficiente agua para enfriar las centrales nucleares), éste la negocie con los cabreados, y se escape del desasosiego. También es muy posible que, a la vez, los forjadores de mitos y opiniones a sueldo del gobierno deslicen a los medios de comunicación algún escándalo llamativo, que de momento duerme en el cajón de los recursos in extremis, con el objeto de distraer al personal.
Enseguida lo veréis. Y enseguida me enteraré, gracias a mi eficiente cartero yugoeslavo.
Salud, gasóleo barato y pesetas desde el Tíbet. (Sí, lo demás son puñetas)
Bombardier

viernes, 6 de junio de 2008

Correo de Lhasa



¿De dónde emerge esta higuera? ¿De qué materia se alimentan sus raíces? ¿Cómo llegó a crecer en esta pared de un barrio periférico de Lhasa?
Es la vida, que se agarra a un clavo ardiendo, al cemento, a la arena, que se adapta a cualquier dimensión, que asimila lo orgánico y lo inorgánico. Las religiones orientales tienen una naturaleza pesimista, porque identifican la vida con sufrimiento, y su doctrina consiste en la purificación del deseo en vidas sucesivas hasta su total eliminación, para que el alma se libere.
Sin embargo, yo como todos los que han venido a Oriente, me he encontrado con una de las sociedades más vitalistas que he conocido. Para nosotros, la miseria es un camino seguro hacia la depresión. Estas personas si no son felices, lo aparentan muy bien.
Eso, a pesar del tipo de lecciones que reciben de sus sacerdotes, monjes o gurus. He aquí una, que procede del jainismo.

El hombre del pozo

Atravesaba un viajero una densa jungla, cuando se topó con un elefante que arremetió contra él con la trompa bien tiesa hacia arriba. Al darse media vuelta para huir, se vio frente a una diablesa horrible que enarbolaba una espada. A un lado del camino había un grueso árbol, y el viajero dio un salto hacia él con la esperanza de encontrar refugio en sus ramas, pero el tronco era tan liso que no encontró ningún punto de apoyo para trepar. Su único refugio era un viejo pozo cubierto de hierbajos al pie del árbol, así que saltó hacia su interior. Al caer se agarró a una mata de juncos que crecían de la pared, y se quedó colgando a medio camino entre la boca y el fondo del pozo. Al mirar hacia abajo, pudo ver que no estaba lleno de agua, sino de serpientes que emitían escalofriantes silbidos al verle colgado sobre sus repelentes cabezas. En medio de todas había una poderosa pitón, con las mandíbulas bien abiertas, dispuesta a merendárselo en cuanto cayera como una fruta madura. Volvió a levantar la cabeza el viajero, descubrió dos ratones, uno blanco y uno negro, que roían ávidamente las raíces de los juncos. Mientras tanto, el elefante salvaje, enloquecido por haber perdido su presa, empezó a dar golpes con el cuerpo en el árbol, de modo que se desprendió una colmena que colgaba de una de sus ramas, colmena que se precipitó sobre el hombre en el pozo. Una nube de abejas enfurecidas se cebó con él a picotazos. Pero una gota de miel cayó en una ceja de la víctima, rodó por su mejilla y alcanzó sus labios. Inmediatamente, el hombre se olvidó de todos sus peligros y su única preocupación fue obtener otra gota de miel.
La versión filosófica de esta metáfora es esta, según el jainismo.
El viajero es el alma humana en una de sus encarnaciones. El elefante representa la muerte. La diablesa, la vejez. El árbol es esa salvación que nunca alcanzamos. El pozo es la vida, las serpientes, las pasiones, la pitón , el infierno. La mata de juncos es el tiempo de vida del ser humano. Los ratones, las dos medias partes claras y oscuras del mes. Las abejas son enfermedades y complicaciones, y la miel, desde luego, representa los placeres triviales de la existencia. Sean pocas o muchas las gotas de miel que el hombre disfrute, en cuanto los ratones terminen su trabajo, caerá en las fauces de la pitón, que condenará al viajero a regresar a la selva, sólo para encontrarse con nuevos y parecidos horrores.
La “democratización” de la vida en los países ricos, es decir, nuestra deriva vital en un mundo cómodo y con incontables oportunidades de consumo y de abundancia no nos ha privado de sufrimientos, como preveían todos los profetas y mesías de todas las religiones, y muchos los filósofos de casi todos los tiempos.
Esto, en lugar de hacernos más precavidos y más sabios, nos ha hecho completamente vulnerables. ¿Cómo? ¿Por qué? Eso es algo que cada individuo tiene la posibilidad de preguntarse, si desea consolarse.
En Oriente, los seres humanos pueblan las llanuras y las cordilleras, las ciudades son colmenas o avisperos, los territorios están sembrados de minas y de arroz, las pitones voraces y los elefantes locos saltan tras cualquier esquina, y las diablesas armadas de afiladas espadas cierran el paso de los hombres, las mujeres y los niños.
Pero esos hombres, esas mujeres y esos niños en lugar de buscar remedio en las pastillas, consuelo en el psicoanálisis, o apuntarse a una clase de yoga, sobreviven milagrosamente, alimentándose de gotitas de miel, y contentos de poder hacerlo.
En el próximo envío, amigo F., te contaré la historia de un cartero yugoslavo de Lahsa, colega mío.
¡Ah! Los disturbios que tanto preocuparon al Comité Olímpico hace unas semanas, se han diluido como un azucarillo. Eso sí, los lamas están que trinan. Parecen pajarracos con cresta de colores.
Saludos.

Post Scriptum del autor del blog. Bombardier me tiene perplejo. Primero porque la higuera de la foto se parece enormemente a otra (¿o será la misma?) que cuelga como un prodigio en las rendijas de dos casas de la plaza de Castelar de Burjassot. Y segundo, porque la historia del “Hombre del pozo” recuerdo haberla leído hace poco firmada por un tal A.L. Basham.

miércoles, 4 de junio de 2008

Otoño de 1944


¿Qué ocurriría si, de repente, - ¡eh! ¡me refiero a usted, curioso blogueador! - si ese niño que usted fue, y del cual guardan constancia las fotografías de su álbum familiar...?
¿Qué pensaría, cómo reaccionaría si, de pronto, ese niño se desprendiera de una de ellas, se hiciera de tamaño natural y, con esa mirada de inocencia, con esa sonrisa libre de recelos que tenía usted a los diez años, le contara una historia espeluznante?
¿Yo? Yo no sé qué habría hecho. Lo, primero, claro, pensar que estaba soñando, pellizcarme y todo eso.
Pero yo no puedo responder.
Es que a mí no me ha pasado. Le ha sucedido al Cefe, quizá porque lleva una temporada con los nervios de punta. Una neurastenia creo que se llama el fenómeno.
Según la historia insensata del Cefe, que hoy tiene veintitrés años y trabaja de practicante en la Casa de Socorro de la carretera de Aragón, esquina con Buen Gobernador, según él asegura, el Cefe niño, de diez años, el que saltó de una fotografía vieja, con su orla blanca recortada en onditas, le ha dicho, así, sin más, que Primitivo Ungría de la Ossa guarda un tesoro.
No le ha dicho más. Pero inmediatamente, cuando el niño Cefe se ha desvanecido en el aire, el Cefe mayor ha empezado a fantasear conscientemente y ha pensado que si ese tesoro secreto existiera, podría ser su fortuna, esa que tanto ambiciona para salir de un tirón de la sosa existencia de practicante que le da de comer, pero no le procura ni estímulos ni riqueza.
No es la primera vez que el Cefe pequeño se encara con el Cefe mayor. Aunque en esta ocasión se le ha presentado de golpe, como entrando en la Casa de Socorro por una puerta que no existe. Quiero decir que no se desprendió de una foto, como la primera vez, parece ser que a finales de abril o a principios de mayo. Entonces le dijo que el 6 de junio de este año de 1944, los aliados desembarcarían en las playas de Normandía y entrarían en París antes de que acabara agosto. A mí no me lo contó hasta después de producidos los hechos. No pudo hacerlo antes.
Yo estaba en Francia en misión comercial. La amenaza de la invasión de ingleses y americanos pendía como una espada de Damocles sobre los nazis. En la costa de Calais habían concentrado la fuerza mayor de la Wermacht, veinte divisiones, porque se encuentra a la distancia más corta de las Islas Británicas.
Aquí, en España, se habían escuchado rumores absurdos en los círculos de enterados (que sin extenderse a muchas personas, comprenden a un montón) de una operación nazi contra nuestra patria, enviando varios cuerpos de ejército hasta el Ebro. Allí se atrincherarían, como en la famosa batalla en la que yo tomé parte, construirían blocaos y sembrarían las orillas de minas, a la espera de la llegada de las tropas aliadas que, supuestamente, Franco no tendría mas remedio que dejar desembarcar en Cádiz, en Gibraltar, en Málaga o en Valencia. Fuera esta una idea ridícula o no, el caso es que el Estado Mayor español envió a los Pirineos algunos regimientos. ¿Por si acaso?
Yo volví a Madrid a finales de mayo y no ví al Cefe hasta después del sangriento desembarco de Normandía. Por eso, cuando me contó el milagro de la fotografía vieja no le hice mucho caso. Me extrañó mucho, eso sí, la seriedad con la que me describió la historia del Cefe niño desprendiéndose de la fotografía. No es así el humor del Cefe. El suyo es un humor de chiste verde o de gallegos y catalanes o de Franco, un humor ruidoso, previsible.
Al hablarme del asunto, el Cefe no puso el énfasis en cómo se produjo la revelación, sino en la predicción misma. Lo hacía, lo comprendí después, para prestarle verosimilitud, apoyándose en el acierto del pronóstico para hacer más creíble la imposibilidad material de que una vieja fotografía cobre vida. Es decir, hablaba en serio, creía que el niño Cefe se le había presentado.
Insisto que apenas le hice caso y que ni siquiera le reí lo que yo interpreté como una gracia. Ni Europa, ni España, ni mis negocios ni yo andamos para bromas. Europa, en llamas. España, en peligro de incendio. Yo y mis negocios... eso sí que es una gracia. Al no prestarle atención, no advertí su nerviosismo, su inquietud. ¿Quién no está nervioso en estos días? ¿Quién está hoy libre de inquietudes y de angustias? Parientes en la cárcel, poco que llevarse a la boca, trabajo perro, pocas diversiones, estraperlo, sinvergonzonería a raudales, pertinaz sequía, inviernos árticos y la amenaza de entrar en otra guerra mañana sin haber tenido tiempo de recuperarnos de la de antes de ayer.
La segunda revelación la tuvo en agosto. Y de esa, el Cefe sí me dio cuenta a tiempo. Va un día y me dice,
- Va a venir el Primi. Con los bandoleros comunistas que entrarán en el Valle de Arán en octubre. No pasarán de ahí. Pero el Primi llegará a Madrid. Me lo ha dicho el “Niño”.
- No me fastidies, Cefe. Que bastantes dolores de cabeza me da este jodido negocio de la ferretería como para que me vengas tú con monsergas y milagros. Coño, que no eres un pastorcito de Fátima.
Al principio creí que me estaba hablando del Niño Jesús, que se había contagiado de esa fiebre mística que inunda un país que hace siete años quemaba iglesias, fusilaba curas y violaba monjas.
- Tengo otras preocupaciones más urgentes. ¿Sabes lo que voy a tener que hacer? Gastarme un montón de duros en clavos de estraperlo, pagarlos como si fueran oro. No tengo más narices que arriesgarme a que me pillen los de Racionamiento, porque si no, me quedo sin clientes.
Desde luego, yo estaba exagerando, llorando, como suele decirse. La verdad es que una ferretería es uno de los negocios más prósperos de estos tiempos. Cualquier industrial, cualquier artesano necesita clavos, tornillos, pernos, hoja de lata, herramientas. Encontrarlas es un dolor de cabeza añadido al del propio trabajo. Pero yo sé buscarlas, es mi oficio, suministrador. A mi cuñado, por ejemplo, que ha puesto una fábrica de cocinas, le consigo la chapa que necesita como materia prima: compro bidones viejos, los hago laminar, y se los vendo. Está haciendo una fortuna. Yo, también. Gano bastante. Supongo que ganaré más, porque esa guerra de Europa va para largo. Y si se acaba, tampoco nos vendrá mal: habrá que reconstruir todo lo que hoy se derriba a cañonazos o funden al rojo las bombas incendiarias.
La salida del Cefe me dejó preocupado, porque volvió a manifestar una manía que parecía haber superado.
- Vas a dejar la vida en tu trabajo. Igual que yo, igual que la mayoría de ilusos. Sí, porque eres un iluso, Juan Crisóstomo, aunque te creas muy listo en los negocios. Los negocios son cosa de canallas, de estraperlistas, de excombatientes de retaguardia con enchufe de alto voltaje. A nosotros lo único que puede hacernos ricos es la fama. Podías explotar mejor tu historial de héroe en la batalla del Ebro. Salir en los periódicos, hablar por la radio. Como esos pobres diablos que han vuelto de Rusia después de pasarlas canutas. Si yo fuera tú...
Y agachó por un instante la cabeza, quizá pensando qué haría él si fuera yo o yo si fuera él, no lo sé. Luego siguió.
- A mí la vida no me ha tratado bien. Pero yo he sido paciente. Un balonazo a los trece años, y me quedo tuerto. Los tuertos no pueden ser héroes. No pueden ir al frente. Los tuertos no pueden ser grandes futbolistas. Bueno. Pues si no puedo ser héroe, si no puedo ser futbolista, seré famoso. Voy a levantar el equipo de fútbol más grande de la historia. Y voy a hacerlo gracias al “Niño”.
- ¡Pero de qué niño hablas, Cefe! ¿Te has vuelto chaveta?

El Primi se presentó en Madrid mediado octubre. Primitivo Umbría de la Ossa. Primo hermano mío, hijo de una hermana de mi madre, y primo lejano del Cefe, hijo de un primo segundo de su madre. Yo soy Juan Crisóstomo Rodrigues de la Ossa (mi padre escribía Rodríguez, no le gustaba que la gente supiera que su abuelo había sido portugués, y él nacido en Olivenza). Yo me quedé atónito al ver al Primi plantado en mitad de la ferretería. En primer lugar, porque era comunista. Y luego, porque me acordé de la predicción del Cefe, me sacudió como un rayo. Yo creo que fue esto último lo que más me conmocionó. Entonces va el Primi y me dice,
- Me voy a morir. He venido a morirme.
Fue lo primero que dijo, casi a voces, menos mal que sólo estaba Pepito, el chico de los recados, los dependientes estaban dentro en el almacén arreglando las estanterías. La de puntas, tuercas, pestillos, alicates, tacos, sierras, martillos, limas, arandelas, brocas que escucharon impasibles aquella declaración escandalosa.
Primitivo me empujó dentro de mi despacho acristalado, cerró, y volvió a hablar.
- No quiero que nadie sepa que he venido. Me queda poco tiempo. ¿Puedes buscarme una casa, Juanito?
- Pero, tú estás loco, Primi. Si te pillan me paso el resto de mi vida en la cárcel. No me valdrá de nada ser ex-combatiente. ¿A qué has venido, a comprometerme?
Yo estaba asustado, pero exageré la nota. No sé por qué, siempre lo hago.
- ¿Pero tú no eras de izquierda?
Ahora sí que me preocupé. ¿A qué venía aquello? No estábamos en un sitio seguro.
- ¿Yo? En mi vida. Radical fui, sólo de ideas, Lerroux me producía náuseas. Luego las circunstancias me llevaron al ejército Nacional. Pero fascista no soy ni lo he sido... Ahora, marxista, tampoco. Yo no me juego el cuello ni por ti ni por nadie.
El Primi no se había quitado el abrigo, sólo se lo había desabrochado. Era algo desconcertante para mí, el Primi con abrigo, porque hasta ese momento sólo le había visto con chaquetón, el de cuero negro de comisario comunista durante la Guerra Civil y el de maquisard, que los norteamericanos lanzan en paracaídas para abastecer a la Resistencia, cuando le vi en Francia esta primavera pasada. Bajo el estupendo gabán se venía un traje de excelente corte y mejor tela. Se echó mano a un bolsillo interior.
- Vale. Toma – Me dio un sobre grueso.- Sólo tienes que llevarlo a un apartado de correos en la Glorieta de Cuatro caminos. Aquí tienes la llave. Es todo lo que te pido que hagas por mí. Si no quieres, no volverás a verme.
Se ajustó el sombrero, se me quedó mirando. Yo sólo me atreví a asentir casi imperceptiblemente con la cabeza. El Primi se dio media vuelta y se largó. De espaldas me dio las gracias.
Durante dos días tuve el sobre guarado en un cajón de mi buró de tapa corrediza. Por fin me atreví a hacer lo que me había pedido, aterrorizado, mirando de refilón a todas partes, temiendo que se echaran sobre mí unos tipos con gabardina y me llevaran a rastras a la comisaría. Pero no ocurrió nada.
Volví en el Metro y al salir en Ventas, me topé con el Cefe, que venía de un servicio. Me dijo que me invitaba a una velada de boxeo aquella noche, que un cliente suyo le había dado dos entradas.
Fue allí, en el Ring Palace, donde me atreví a contarle que el Primi me había hecho una visita.
- ¿Lo ves? – me dijo como si no fuera una novedad extraordinaria – El “Niño” tenía razón. Me ha dicho otra cosa. Me ha dicho que el Primi tiene un tesoro secreto. Y que puede ser mi salvación y mi fortuna. Para el club de fútbol. ¿Me entiendes?
No. Yo no entendí ni jota. Casi me desmayo como si uno de los púgiles, me hubiera largado un gancho desde el ring en el mentón.

martes, 3 de junio de 2008

NOTICIAS DEL TÍBET


Guerrero tibetano, adquirido por Bombardier en un bazar de Lhasa y que ha enviado a un museo valenciano por su extraordinario parecido con el Guerrer de Moixent, para que los expertos en arqueología lo estudien.
Amigo F, por las mañanas, después de hacer una corta sesión de yoga, reconfortado por el frugal desayuno de yogur con muesli y te rojo, asciendo una de las colinas que rodean esta aldea en busca de una compañía que me ofrezca una razón para meditar. Me dejo llevar por mis pasos en cualquier dirección, porque el horizonte es un embudo rocoso con manchas de arbustos de color oliváceo y matorrales cuajados de flores amarillas y anaranjadas. La maraña de zarzas, madroños y enebros, vista desde abajo, está cruzada de estrechos caminos grisáceos, que en realidad son escalones tallados en la piedra. Cada uno de ellos desemboca en un pequeño caserío construido a base de granito y ladrillos cocidos en un tejar próximo al pueblo. Más allá de la cresta de edificios chaparros con ventanas multicolores empieza un bosque de abetos que me separa de tu mundo, que ha sido el mío hasta que llegué aquí decidido a escuchar.
Escucho el susurro de las estrellas, que por la noche titilan con una intensidad desconocida más allá de los páramos, imposible en la ciudad deslumbradora.
Escucho las esquilas del ganado que pasta en las campas invisibles desde la aldea, y que parecen proceder de un mundo paralelo.
Escucho un martinete que evoca a un herrero (oficio que aquí nadie practica), los pasos sobre la grava de los habitantes en su tráfago diario, los golpes de una azada en un huerto, los gritos infantiles en la plaza de la fuente, una copla en el idioma desconocido de los tibetanos cantada por una mujer que imagino joven, el zureo de las palomas, los trinos de los pájaros, cloqueo de gallinas y graznidos de pavos, mugidos y balidos transportados desde lejos por una racha de viento.
Pero también escucho los relatos de los viejos. Los viejos y las viejas. Aquí los jóvenes hablan poco y cuentan menos, porque su corta vida carece de experiencias dignas de mención. Algunos se refieren a la autodeterminación o separación de China . Pero lo hacen sin mucho convencimiento, porque la influencia del gobierno chino en esta aldea donde no alcanza la televisión y donde sólo llegan emisiones de radio de onda corta, estirando un alambre en uno de los caseríos más elevados, la influencia del gobierno central, digo, es imperceptible. Este es un mundo impenetrable.
Los viejos y las viejas hablan de un pasado que suena remotísimo, cuando la guerra se hacía con ballestas, dagas y escopetas, y la dependencia feudal era irresistible. Los matrimonios se concertaban con décadas de antelación , y casi nadie se sentía infeliz por la pareja que el destino le había asignado.
Hoy, los jóvenes prefieren buscar ellos mismos su cónyuge, y con frecuencia se equivocan, pero le echan la culpa al gobierno tiránico de Pekín. Si hubiera abierto mejores caminos, si hubiera construido antenas de transmisiones,… Al escuchar estas razones los abuelos les miran perplejos, les dan la espalda, se retiran a una roca tallada en forma de habitación con mesas de granito que hace las veces de taberna, protegida del viento y también de la lluvia con un toldo de heno, y comentan sus sueños.
Tiene uno que ir muy lejos, muy hacia el Este para encontrarse con el mundo de los sueños. Los nuestros, en Occidente, son sueños banales, fáciles de interpretar, deseos rastreros, con frecuencia paradójicos y, en muchas ocasiones, amorales.
Entre los Tibetanos, los sueños son la materia más importante de su existencia. Hay que interpretarlos. Hay que contrastarlos. Hay que juzgarlos. Hay que fundamentarlos. Y como todos se conocen desde niños, todos intervienen en los sueños de los demás, a veces de un modo literal, cruzándose, injertándose. Aquí la vida soñada no es fantástica, es una lección que debe desentrañarse, y no siempre en asamblea. Después de la conversación, las personas se retiran a sus labores (no existe la jubilación, sólo los incapacitados o los enfermos no hacen nada), y dejan que madure su sueño mientras muñen la vaca o recogen los huevos en el corral.
Te preguntarás qué hago yo aquí, en una aldea impenetrable del remoto Tíbet, cómo he llegado a él, estando sellado por la policía y el ejército chino.
Yo también me lo pregunto. Y cuando observe alguna luz en este misterio, te lo haré llegar a la bitácora.
Un abrazo de Bombardier

domingo, 1 de junio de 2008

Generación de perdedores

Recomiendo este ensayito de La Razón de hoy.
Generación Babyloser. Condenados a un futuro imperfecto. Parecían destinados a comerse el mundo, pero la vida les dejó a dieta. Por primera vez en la historia reciente, nadie garantiza a los jóvenes que vivirán mejor que sus padres. Es el drama de nacer en la era «babyloser»

Festival de Escritores en Praga. Evocación del 68

Praga, 1 de junio 2008 (AFP) – Desde el americano Paul Auster al paquistaní Tariq Ali, pasando por la canadiense Margaret Atwood o el checo Ivan Klima, quince escritores evocarán “su” 1968 con ocasión del 18 Festival de los Escritores que se abre el domingo en Praga.
El domingo es hoy, y rabio por no estar (como público) en ese Festival de los Escritores. No es casualidad que se realice en Praga, ciudad culta y periférica. Hacerlo en París sería una arrogancia. En Nueva York, una impertinencia. En Madrid, una provocación. Palacios de Congresos a reventar de escritores, de periodistas, de progres, de rebeldes, de fachosos disfrazados de gauchistas, de oenegeros, de católicos antirouco, de budistas protibetanos, de inmigrantes de todos los colores, de intelectuales orgánicos, de blogueros anónimos, de prostitutas de la conciencia, de asnos, de lobos ppferoces, de zapaperucitas.
Dice Paul Auster a France Press que hay muchos paralelos entre lo que pasó en 1968 y lo que sucede ahora. Esto es como no decir nada. A veces, leyendo a Auster uno cree estar leyendo nada, es el rey de los estereotipos. Aunque, en este caso, el norteamericano se refiere a los paralelismos entre la guerra de Vietnam y la ocupación de Irak. Las guerras pueden parecer iguales, pero esto es una visión superficial. En realidad lo que le cabrea a Auster es “la estupidez de la política de nuestro gobierno”. Yo no la veo tan estúpida. Si lo que pretendía el escritor era enjuiciar moralmente a su gobierno, llamarlo estúpido es una forma de llamarse estúpido él.
Pero ya se sabe que a los periodistas se les cuenta lo primero que a uno se le ocurre, no hace falta pensar mucho la respuesta, tampoco es conveniente, porque el periodista puede impacientarse y buscar a otro intelectual, o puede no entender la explicación, hacerse un lío y reproducirla mal o guardársela.
Ivan Klima, checo, otro de los escritores convocados, asegura a France Press que en 1968 era director de una revista literaria “durante al breve epifanía de la primavera de Praga”. Ha sido fiel a si mismo.
Natalia Gorbaneyskaia, rusa, se manifestó en agosto del 68 en la Plaza Roja de Moscú contra la intervención soviética en Checoslovaquia, a consecuencia de lo cual fue internada en un psiquiátrico. La verdad es que, según la perspectiva desde la que se mire, hace falta tener un tornillo algo flojo para meterse en la boca babeante del lobo y esperar que no mastique.
El director del evento, Michael Marsh dice que “en el corazón de 1968 hay ideas, la libertad de expresión, la revuelta contra la burocracia… aquellos que dicen hoy que fue una derrota son totalmente incultos, porque las ideas no vencen, solamente se las reemplaza”. Creo que este Marsh es británico, pero podría ser francés, por el ingenio de su retórica.
Por último dice la noticia de France Press que el lema del Festival es “De la risa y el olvido”, en homenaje a Milán Kundera, un emblema del 68. Sólo que Kundera no se asomará por el festival porque “rechaza toda aparición pública desde hace años”. Siempre me ha parecido Kundera un hombre inteligente, además de un gran escritor.